13:41. MARTES 26 DE MARZO DE 2019

Alcoa, SOS

Reportaje
9 noviembre, 2018
PEDRO ALBERTO ÁLVAREZ

Avilés no duerme desde hace días, pero también todo el concejo de Gozón. El inesperado ‘cerrojazo’, anunciado por la multinacional Alcoa, se ha convertido en la peor pesadilla para cientos de familias que viven de una fábrica que echó sus raíces en la comarca hace 60 años (la antigua Empresa Nacional de Aluminio, en manos de Alcoa desde 1998). Para muchos, toda una vida, ya que llevan 15, 20 y hasta 25 años, trabajando en las desvencijadas naves de Alcoa. La ‘espantada’ de Alcoa se ha convertido en una pesadilla, que muchos veían venir -‘que viene el lobo’-, aunque pensaron que nunca llegaría este incierto momento. ¿Y ahora qué?, esta es la pregunta que tiene en vilo a los trescientos trabajadores y a sus familias. Si cierra Alcoa, los trabajadores se irán a la calle, y la ‘cornada’ será mortal de necesidad para Avilés y todo el concejo. Y puede que también para media Asturias. Alcoa, SOS

Daniel Jiménez tiene 36 años, y lleva 13 trabajando en Alcoa. “Podíamos esperarnos algún ajuste, pero nunca sospechamos un cierre total”. En su opinión, la multinacional “no quiere negociar, ya han tomado una decisión”. Jorge Munárriz (43 años, 12 en Alcoa) también es pesimista. “Lo veo mucho más negro que en 2014”. Aquel año, Alcoa presentó un ERE de extinción al salir perjudicada de una subasta eléctrica, el mecanismo utilizado por el Gobierno para primar a las empresas electrointensivas. Para Jorge, su mujer y su hijo pequeño, el gobierno regional no puede hacer nada. “Esto solo puede resolverse en los despachos de Madrid o de la UE”. La plantilla de Alcoa ronda, de media, los 40 años (apenas hay 3 trabajadores en edad de jubilarse), y muchos tienen niños pequeños. Como Marta (4 años), hija de Mario García y Cristina. “La fábrica es rentable, lo saben de sobra, pero no les importa”, comenta muy preocupado por el futuro más inmediato. A sus 40 años (los últimos 8 trabajando en Alcoa), tendrá difícil encontrar un nuevo empleo. Su mujer Cristina (30 años) lleva ya 12 meses en paro, tras 16 años trabajando en la hostelería. “El sueldo de Mario es el único dinero que entra en casa. Si le despiden, ¿qué haremos?”.

Entre la plantilla, no cesan los rumores. Unos creen que Alcoa quiere acabar con la producción nacional del aluminio, para importar el metal desde sus otras fábricas (Arabia Saudí, Noruega, Islandia…). Otros sostienen que el Gobierno tiene previsto acabar con el sistema de interrumpibilidad (una costosa subvención encubierta), y que Alcoa ha decidido irse antes. Algunos consideran el aluminio un sector estratégico y proponen la nacionalización de las fábricas… Pero en los corrillos, el espíritu de lucha da paso al pesimismo. Pedro Cuesta y Juan Carlos Martínez tienen la misma edad (40 años) y entraron en Alcoa el mismo día. “25 de septiembre de 2003, hace 15 años”. Para Pedro, todo forma parte de un plan para forzar la reconversión industrial. Primero el carbón, después el cierre de las térmicas, “ahora Alcoa, ¿y después Asturiana de Zinc?”. Cuando Alcoa compró el grupo público Inespal en 1998, asumió la dirección y gestión de 11 fábricas en toda España. Hoy quedan 3. Y si nadie lo remedia, el próximo año, solo quedará una (la de San Ciprián, Lugo). Pedro Cuesta apunta que, a consecuencia del anuncio del cierre, Alcoa ha subido el precio del aluminio a sus clientes, “lo que reducirá el margen de beneficio de otras empresas, y traerá más EREs y despidos”. Por su parte, Juan Carlos Martínez reconoce que la fábrica no puede competir con otros países, como Alemania o Francia, “donde el precio de la luz es un 30 o 40% inferior”. La falta de una tarifa eléctrica para grandes consumidores (la antigua G4) “es un problema que los políticos crearon y que deben resolver”. En su opinión, el cierre de Alcoa tendría como primera consecuencia el cierre de una central térmica. “Sin consumidores y sin carbón nacional, las térmicas tampoco tienen futuro”.

El cierre de Alcoa cayó como un mazazo en cientos de hogares, pero en algunos tienen un significado aún más especial. Daniel Tuñón trabaja en la fábrica desde hace 18 años, “pero como de ella desde hace 41”, afirma. “Mi padre entró en la factoría al día siguiente de mi nacimiento. Vivíamos en el poblado que construyeron para los obreros”. A sus 41 años, reconoce que esperaba que sus dos hijos siguieran sus pasos y entrasen también en Alcoa, “pero ahora sé que no tiene futuro. Se van a cargar Gozón y la comarca de Avilés, y Javier Fernández y Pedro Sánchez no se han enterado de nada”.

José Ángel Campos está en primera línea de las protestas, sujetando la pancarta de ‘Alcoa no se cierra’, la misma que empuñaron en 2014. “Ahora pinta peor”. A pesar de las dificultades, opina que si políticos y trabajadores van en la misma dirección, Alcoa puede tener futuro en Avilés. “La lucha obrera, por sí sola, no puede parar el cierre. No importa que cortemos la autopista o que nos manifestemos, sin compromiso político, nuestra batalla será inútil”. Con un hijo y una mujer en paro, el futuro de José Ángel y su familia se decidirá, posiblemente, muy lejos de Asturias. Y las opciones son limitadas. “El Gobierno no puede dar subvenciones, y la empresa no quiere vender la planta a una competidora. O seguimos adelante, o nos cierran”.

Los trabajadores de Alcoa nunca están solos en sus manifestaciones. Además de sindicalistas y políticos, hay otros compañeros, de fábricas cercanas. Es habitual ver ropa de trabajo de Arcelor Mittal, y Asturiana de Zinc. Todos tienen en la memoria otras luchas obreras, como la que evitó el cierre de la antigua planta de Tenneco, en Gijón (ahora en manos del fondo alemán de inversiones Quantum Capital Partners, y de nuevo en problemas). Pero también recuerdan batallas perdidas. El pasado verano, la multinacional Vestas cerró su planta en Villadangos (León), mandando al paro a 2.000 trabajadores (364 en plantilla, y el resto de empresas auxiliares). Las manifestaciones y las marchas pidiendo soluciones, no sirvieron de nada.

El pesimismo crece, día a día, en los trabajadores. “Ya no quedan minas, y ahora se van a cargar el sector del metal. Arcelor también acabará marchándose…”. Los trabajadores de Alcoa insisten en que ellos pueden ser las primeras víctimas de una nueva reconversión industrial que podría empezar por la ría de Avilés, y extenderse por el resto de Asturias. Y el motivo no es una ‘guerra del aluminio’, sino la ‘guerra de la luz’. En España, la electricidad es más cara que en Francia o Alemania, y en la industria pesada, la energía es la principal materia prima.

Pendientes de Europa

Tras la multitudinaria manifestación del pasado jueves en Avilés (50.000 participantes), y la reunión de los presidentes del Principado, Javier Fernández, y de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijo, con las ministras de Industria, Reyes Maroto, y Transición Ecológica, Teresa Ribera, el futuro de Alcoa está pendiente de las propuestas que reciba la multinacional para evitar el cierre de sus plantas, y de las medidas que puedan tomarse desde la Unión Europea para tratar de revertir la deslocalización. Pero antes de negociar, Alcoa tendrá que replantearse su decisión y suspender el ERE. El Gobierno central plantea convocar una nueva subasta de interrumpibilidad, y pagar, de aquí a final de año, las compensaciones a la industria por la reducción de las emisiones de CO2, que se elevan a 78 millones, según la partida correspondiente a 2017, y a una cantidad similar en 2018. Por ahora, la aluminera, con sede en Pittsburgh no ha respondido al ofrecimiento del frente político. Hay pocas alternativas para convencer a Alcoa de que permanezca en Avilés y La Coruña, ya que las subvenciones directas no están permitidas, para garantizar la igualdad de condiciones en el sector. De fondo, subyace la necesaria reforma eléctrica, para reducir la factura de los grandes consumidores de la industria electrointensiva.

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