15:21. DOMINGO 18 DE AGOSTO DE 2019

Rías Baixas, un paraíso para el disfrute de los sentidos

Reportaje
19 noviembre, 2018

Sol, playa, gastronomía, pero también cultura e historia. Rutas por sus castillos y sus monasterios, por sus singulares cementerios, y por sus milenarios castros. Pero también por la Galicia más oculta y profunda, para conocer sus pequeñas aldeas y paisajes de ensueño. Tierra, mar y aire, eso son las Rías Baixas, un pequeño país en miniatura, para ver, oír, mirar y respirar. Un paraíso para el disfrute de los sentidos en cualquier época del año.

Rías Baíxas no ‘cierran’, ni en otoño, ni en invierno. Y ofrecen 365 días de ‘puertas abiertas’ y de hospitalidad de sus gentes, a todo aquel que quiera perderse por sus valles, sus pueblos, o sus playas. Un país en miniatura donde se respira la historia. Una tierra tan sugerente, como evocadora, y llena de emociones, como así definió, a las Rías Baixas, Carmela Silva, presidenta de la Diputación de Pontevedra, que esta semana visitó Oviedo para presentar la extraordinaria oferta turística de un paraíso a tan solo tres horas y media del centro de Asturias.

Las rías de Vigo, Pontevedra y Arousa, ocultan tras frondosos bosques, castillos, jardines y torres medievales, testigos de un noble pasado, y de un histórico cruce de caminos. Porque en las Rías Baixas se fusionó el Atlántico y el Mediterráneo, a través del comercio y de las rutas abiertas por los fenicios. Este año, coincidiendo con la declaración del Año Europeo del Patrimonio Cultural, la provincia de Pontevedra ha celebrado la reapertura del Castillo de Soutomaior, un palacio histórico, punto de partida de rutas culturales, literarias, o arqueológicas. Además, el castillo está rodeado de un jardín plagado de árboles centenarios, y cubierto por miles de camelias, una de las flores emblemáticas de las Rías Baixas, que muestran todo su esplendor entre enero y abril. En Rías Baixas se encuentran los cuatro jardines españoles que pertenecen a la Ruta de la Camelia y que han sido galardonados con la Excelencia Internacional por The International Camellia Society (ICS): Jardines del Castillo de Soutomaior, Pazo de Rubianes, Pazo Quinteiro da Cruz y Pazo de A Saleta. Otras rutas, perfectas para una escapada de fin de semana, es la Ruta Madruga, que recorre fortalezas y torreones de la provincia, siguiendo los pasos del Pedro Madruga, un personaje histórico que las leyendas emparientan con el propio Cristóbal Colón. O las Rutas Literarias, que muestran Galicia a través de los ojos, y la pluma, de escritores como María Vinyals, o Emilia Pardo Bazán. Además, cada parada de la ruta, es una excusa para acercarse a la cultura, las tradiciones y los hoteles y casas rurales. La gastronomía y las aguas termales de la provincia son otros de los secretos bien conocidos por los visitantes, que acuden a Rías Baixas para disfrutar de pequeñas escapadas, o para recorrer la provincia durante sus vacaciones.

Pontevedra es mar y monte, costa y montaña concentrados en una pequeña provincia que forma un paisaje natural único, con su flora y fauna propias. El Parque Nacional de las Islas Atlánticas es un pequeño tesoro, protegido a nivel europeo, que tiene las Islas Cíes como su bandera y referencia a nivel mundial. Además, el Parque Natural del Monte Aloia en Tui -el primer parque de Galicia en 1978; el Monumento Natural de Fraga de Catasós en Lalín -con los robles y castaños más altos de Europa; y el Humedal Protegido del Complejo Intermareal Umia – O Grove –un espacio de protección general y zona de protección y observación de aves-, son otros rincones donde poder disfrutar de la naturaleza más salvaje y vital. Existen también otros espacios naturales, protegidos como Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) como las Brañas de Xestoso, la Serra do Cando o el entorno del Río Tea, en los que descubrir nuestro paisaje y clima atlántico. Pero Pontevedra no puede entenderse sin sus rías: la Ría de Arousa, famosa por su extensión y sus innumerables islotes; la Ría de Pontevedra, que destaca por su alta productividad y riqueza; y la Ría de Vigo, con el impresionante Puente de Rande y la Ensenada de San Simón que inspiró, a Julio Verne No es posible olvidarse de los ríos que bañan frondosos bosques, como el Río Ulla al norte; el Río Umia, que cruza desde el interior hacia la zona de Cambados, creando unas marismas donde habitan aves migratorias; el Río Lérez, los ríos Verdugo y Oitavén, que confluyen para llegar a Redondela; y el Río Miño, al sur de la provincia, la frontera natural entre Galicia y Portugal, con un recorrido de más de 300 kilómetros, que separa, pero al mismo tiempo une, dos países y culturas.

Para comprender la larga historia de las Rías Baixas, hay que remontarse hasta sus mismos orígenes, a través del rico patrimonio arqueológico. Desde los yacimientos paleolíticos del Baixo Miño, en los que se documentaron restos con unos 400.000 años de antigüedad aproximadamente, pasando por los dólmenes y ‘mámoas’ como Chan de Arquiña en Moaña o la Mámoa do Rei en Vilaboa, en donde los habitantes del Neolítico enterraban a sus muertos. Túmulos rodeados de misterios y leyendas de ollas llenas de oro, y tentadores cantos de sirenas. Los grabados rupestres, y los enigmáticos petroglifos, convierten a las Rías Baixas en un museo al aire libre. Los conjuntos arqueológicos de Campo Lameiro y su parque del arte rupestre, Mogor y su famoso laberinto, A Laxe das Ferraduras en Cerdedo- Cotobade, el ecoparque arqueológico de Monte Tetón en Tomiño y tantos otros lugares llenos de historia, que despiertan la curiosidad y la imaginación. Los castros de Santa Trega en A Guarda, O Facho en Cangas, Troña en Ponteareas o el excepcional yacimiento de A Lanzada en Sanxenxo, ya albergaban las tribus galáicas mucho antes de la llegada de los romanos, que dejaron una profunda huella en la historia, y el paisaje: la villa de Toralla en Vigo, Adro Vello en O Grove o la gran explotación de sal de Salinae también en Vigo. El patrimonio arqueológico de las Rías Baixas también puede conocerse a través de la exposición “Galaicos, un pueblo entre dos mundos”, que demuestra que este ‘pequeña región del noroeste de la Península Ibérica no estaba aislada ni alejada del resto de mundos y culturas en la antigüedad. La muestra, que está recorriendo varias ciudades de España, expone como las Rías Baixas fueron una importante parada de las rutas marítimas, uniendo Francia, las Islas Británicas con el sur de la Península y Cartago. Personas, ideas y objetos procedentes de las Palestina, Grecia, Egipto, Túnez, Italia o Chipre, pasaron por las Rías Baixas, y dejaron su impronta.

Tierra de festivales

Las Rías Baixas son tierra de cultura, de paisajes y de buen comer. Y también de ocio y festivales. Una oferta turística y cultural alternativa, y que cada vez cuenta con más seguidores. Los Rías Baixas Fest reúnen seis de los principales festivales de música en la provincia, poniendo banda sonora a las vacaciones. Desde julio a agosto es posible recorrer Pontevedra de norte a sur gracias a esta ruta festivalera. Conciertos a los que se suma la posibilidad de pasear por playas, dormir entre pinares, o navegar por la rías de Vigo. Desde PortAmérica - se celebra en el municipio de Caldas de Reis el primer fin de semana de julio-, con shows gastronómicos con cocineros Estrella Michelín; al Vive Nigrán -una apuesta por grupos nuevos y por un público diverso, en un entorno especial, la playa de Nigrán-. El Atlantic Fest se celebra en la Illa de Arousa -de la playa de O Bao, al auditorio y la plaza del mercado y los bares-; el Sinsal Son Estrella Galicia-en la pequeña Isla de San Simón, en Redondela-; el SonRías Baixas -en Bueu el primer fin de semana de agosto, en plena costa de la Península de O Morrazo-; el Revenidas -Vilagarcía de Arousa- y O Marisquiño –pruebas de BMX, skateboarding, dirt jumping o MTB downtown, además de música electrónica y hip-hop- ofrecen actividades alternativas a las escapadas rurales de fin de semana, y permiten conocen otros rincones de las Rías Baixas, que siempre tienen algo nuevo y diferente que ofrecer: un paisaje, una visita a un pazo, un festival, un castillo… Sorpresas a cada vuelta de la esquina, y todo un mundo de sensaciones.

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