11:17. VIERNES 14 DE DICIEMBRE DE 2018

Alcoa, o la prueba del algodón

Opinión
19 noviembre, 2018
GONZALO OLMOS

El anuncio de la intención de la multinacional norteamericana Alcoa de cerrar sus plantas en A Coruña y Avilés (tras un amago de hacerlo, ya en 2014), dejando a cerca de 700 trabajadores en la calle, abre en canal el debate sobre el futuro industrial de nuestro país, y, especialmente, de nuestra Comunidad. La sensación de que nos encontramos ante una repetición de cierres, como los que ya hemos padecido en Asturias y hemos visto en otras regiones de Europa, en las que se sigue un guión de triste desenlace (protestas de la plantilla, expresiones de solidaridad de la sociedad, firme repulsa institucional, pero, por último, clausura de la instalación), genera una sensación a caballo entre la ansiedad, la frustración y el cabreo. Queda siempre la esperanza de que el final no sea el presagiado y se encuentren soluciones, como sucedió, por ejemplo, para las fábricas asturianas de Tenneco (hoy Vauste) o Vesuvius. En el caso de Alcoa, aunque coexisten informaciones contradictorias, según las voces que las divulguen, parece que en los últimos días comienzan a plantearse otras posibilidades, y es el momento de que todos los que puedan hacer algo, gobiernos incluidos, echen el resto. Pero persiste el riesgo de perder una fábrica que es parte de la historia industrial de Asturias, que tiene una capacidad tractora destacable para la actividad productiva comarcal y que, además, forma parte de un sector estratégico -el del aluminio- para cualquier economía.

En efecto, la situación de Alcoa tiene algunas características que la diferencian de otros precedentes, porque el cierre se propone en el contexto de una guerra comercial global incipiente, que tiene en el sector del aluminio uno de sus frentes de batalla. Además, los costes de la electricidad y el debate sobre el modelo energético y sus efectos medioambientales, también se presenta como elemento significativo en esta encrucijada. Unido a un escenario de incertidumbre para industrias señeras de nuestra Comunidad, que compromete la base económica de Asturias. Pero, sobre todo, es singular la circunstancia de haber sido las fábricas de Alcoa propiedad del Estado, a través de INESPAL, vendidas a dicha firma en 1998; y que, pese a las importantes ventajas otorgadas tanto para la compra como para la actividad productiva (con las bonificaciones de la factura eléctrica, estando bajo sospecha el mecanismo de subastas de interrumpibilidad de constituir ayudas de Estado proscritas), tras apenas 20 años e insuficientes inversiones, se aduzca ahora la obsolescencia de las instalaciones precisamente para, culminada la rapiña, coger las maletas y dejar en la estacada a los trabajadores y, por extensión, a la propia sociedad española que necesita de esas fábricas.

Malvender el patrimonio industrial común, como se ha hecho en este país, sin conservar cautelas que garanticen cierta capacidad de influencia efectiva en sectores críticos, y quedar inerme cuando intereses empresariales, perfectamente insensibles a la realidad social y territorial, hacen de su capa un sayo, tiene estas consecuencias. Por eso, demostrar que, en coherencia con la vocación declarada de defender una economía social de mercado, se tienen medios y capacidad para evitar la pérdida de un centro productivo estratégico, sin descartar ninguna alternativa, es capital para proyectar el mensaje de que no somos un barquito de papel a la deriva en la marejada global, víctima del nacionalismo económico de las grandes potencias y del expolio de quien nos considera mercancía de usar y tirar.

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