00:04. SáBADO 23 DE FEBRERO DE 2019

¿Izquierda Unida?

Asturias
12 enero, 2019
LUCÍA GARCÍA

Alberto Garzón anunciará mañana la “suspensión de militancia” de Gaspar Llamazares. Ajuste de cuentas de IU de Madrid contra IU de Asturias, por su resistencia a ser ‘podemizada’. Guerra sucia en la izquierda desunida

Gaspar Llamazares y Alberto Garzón no se verán mañana las caras tras haber pasado las navidades enviándose recados, y no precisamente de felicitación o buenos deseos para el nuevo año. Llamazares y Garzón, ex coordinador general y coordinador general de Izquierda Unida, mantienen un pulso –desde hace 2 años- en el que subyace la desintegración de un partido que ha sido ‘opado’ por Podemos. Sin grupo parlamentario propio, y con tan solo ocho diputados en el Congreso, Izquierda Unida ha quedado laminada en Unidos Podemos, y eclipsada en los medios de comunicación. Alberto Garzón, por voluntad y decisión propia, se ha convertido en el telonero de Pablo Iglesias, y hasta en algunas ruedas de prensa comparece junto al líder de Podemos que siempre lleva la voz cantante. El ‘pacto del botellín’ y el “entreguismo” de Garzón -en definición de Llamazares- ha dejado sin ningún protagonismo, ni identidad, a un partido con 32 años de historia.

Gaspar Llamazares, desde que dimitió de su cargo de coordinador general de Izquierda Unida, tras otra hecatombe electoral -dos diputados y, por primera vez, menos de un millón de votos- que abocó a la coalición a emprender un nuevo proceso de refundación (2008); lleva quince años ejerciendo de ‘Pepito Grillo’ de IU, y reclamando una gran coalición o frente de izquierdas. Llamazares fue un adelantado a la eclosión de ‘confluencias’ y tripartitos que nos ha deparado la ‘nueva política’, y en la presentación de su libro (‘El libro rojo de Gaspar Llamazares’) allá por un 22 de diciembre de 2012, ya acuñó la expresión “confluencias”, que desde la irrupción de Podemos (2014) forma parte de su catecismo y primigenios mandamientos políticos. Pero sus devaneos con el PSOE, y el romance que mantiene con el ex juez, Baltasar Garzón, han hecho que la ‘Syriza’ española a la que apelaba Llamazares, no sea más que una fábula o el sueño de una ociosa noche de verano.

Las plataformas o movimientos cívicos (Actúa), los reductos políticos donde anida el pensamiento ‘llamazarista’ (Izquierda Abierta), y los manifiestos contra la fusión o absorción de Izquierda Unida (el último criticando la nueva ‘sangría’ de votos en las elecciones de Andalucía); han colocado a Gaspar Llamazares en el paredón y ante un pelotón de fusilamiento. La poligamia de Llamazares, y su “disponibilidad” para encabezar una hipotética candidatura europea (Actúa), es la coartada que necesitaba la dirección nacional de Izquierda Unida para purgar a la voz más crítica con la servidumbre política de Alberto Garzón. Con estos antecedentes sobre la mesa, el ‘Politburó’ de IU anunciará mañana la apertura de un expediente disciplinario a Gaspar Llamazares. Un paso previo a su expulsión o suspensión “cautelar” de militancia, para dejarle fuera de juego en las próximas elecciones autonómicas. En términos futboleros, Garzón va a sacar tarjeta amarilla a Llamazares, aunque su intención es la roja directa. Gaspar Llamazares ya está sentenciado, por lo civil, y por lo criminal, aunque en su defensa las tribus asturianas de Izquierda Unida, han cerrado filas, e invocan su “autonomía” en la toma de decisiones y apelan a las “competencias territoriales”, ante la carnicería que se avecina para someter, de paso, a la insurrecta dirección de Izquierda Unida en Asturias, que se resiste a la muerte vegetativa decretada por Alberto Garzón, tras haber pedido asilo político en Podemos.

Izquierda Unida es un polvorín. Siempre lo ha sido. Y ahora, la dirección federal de IU está a punto de encender la mecha y volar, de manera incontrolada, a la última aldea roja. El novicio Alberto Garzón (33 años) se siente ultrajado por su paisano –ambos nacieron en Logroño- y perro viejo de la política, Gaspar Llamazares (61 años), al que acusa de haberle puesto los cuernos manteniendo una relación incestuosa con un partido nonato y un grupúsculo azuzado por un ex juez y ex diputado socialista que siempre anda enredando en la sombra. Las amistades peligrosas de Gaspar Llamazares, y sus andanzas y aventuras, colocan al veterano dirigente al borde del patíbulo, y a Izquierda Unida de Asturias a un paso de ser intervenida si se opone -que lo hará- a la ejecución de su portavoz en la Junta General, candidato a la presidencia del Principado cuando se abra el proceso de primarias, y principal activo político de la coalición roja en Asturias. El ajuste de cuentas entre Madrid y Asturias, está servido. Guerra sucia y nuevo suicidio colectivo en ¿Izquierda Unida?

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