23:54. MIéRCOLES 27 DE MARZO DE 2019

Un nuevo e incierto tiempo político

Editorial
1 enero, 2019

El fracaso de la vieja y de la nueva política que ha clonado los mismos vicios que han lapidado a quienes se alternaron en el gobierno, desde las primeras elecciones generales, y durante los últimos 40 años; ha creado una nueva orografía política que, atendiendo a los resultados electorales de Andalucía, certifica el nacimiento del pentapartidismo en España. En nuestro país, al igual que en media Europa, la eclosión de los populismos, los radicalismos y otros ‘ismos’, se ha gestado por la galopante erosión de los dos principales partidos (PP y PSOE), pero también por el fracaso de otros partidos alternativos, como Izquierda Unida o UPyD, con dirigentes irresponsables que siempre han ejercitado el canibalismo interno. Y tanta penalidad, acaba pasando factura en las urnas, y pariendo nuevos engendros políticos que han convertido la política en un lamentable espectáculo del bombero torero.

La simbiosis de la vieja política ha contagiado a quienes se arrogan la condición de la nueva política que, muy pronto y de manera prematura, padece el mismo mal de altura que aqueja a sus mayores. Tanta torpeza, soberbia y codicia, solo produce el hartazgo de los ciudadanos que han dispersado su voto poniendo fin al latifundio político del PSOE y el PP. La simplificación de la política -el bipartidismo- ha abierto un nuevo, e incierto tiempo político, y donde antes cohabitaban cuatro especies, ahora van a ser cinco (Vox). La diversidad política, en sí misma no tiene porque ser nociva, más bien refleja la pluralidad y el fin del pensamiento único o bipolar (PP o PSOE, derecha o izquierda). Un nuevo hábitat político que ha de obligar a sus señorías a replantearse sus imperativos modos de gobernar. El ‘cambio climático’ ha llegado a la política española, y el llamado voto útil, se ha transformado en un voto inútil, ya que cientos de miles de ciudadanos han desertado de los llamados partidos tradicionales. Un voto de castigo que está despertando y resucitando, a fantasmas del pasado.

Tras 40 años de monólogos y de duopolio político en nuestras instituciones, ha llegado la hora de la alta política, de la necesaria negociación y el cultivo del entendimiento. Sin embargo, hay sobradas razones, y antecedentes, para aventurar que la nueva y la vieja política, seguirá ensimismada en inútiles postulados, anteponiendo la supervivencia de sus dirigentes, al cambio de actitud, generosidad y altura de miras que exige esta nueva era política que nos ha tocado vivir. En tiempos revueltos, la concordia se hace más necesaria que nunca, para evitar la ‘balcanización’ de una España que vuelve a perder fuelle.

Garzón y Llamazares

El pulso que mantienen Alberto Garzón Gaspar Llamazares, coordinador general de Izquierda Unida, y ex coordinador general de la coalición, ha llegado a un punto de no retorno, y va camino de provocar una nueva ruptura interna de imprevisibles consecuencias. La cúpula federal de IU abrirá mañana un expediente disciplinario a Llamazares que, sobre el papel, le inhabilitará como candidato a la presidencia de Asturias, cuando la formación ponga en marcha el proceso de primarias. El veterano dirigente, no estuvo muy afortunado, postulándose como candidato del nonato partido ‘Actúa’, que desde hace años, promueve junto al ex juez, y ex diputado socialista, Baltasar Garzón. La intención de ambos, es concurrir a las elecciones europeas que se celebrarán en mayo, bajo las siglas de ‘Actúa’ y, lógicamente, en competencia con Unidos Podemos, la ‘confluencia’ en la que se ha integrado Izquierda Unida.

Desde luego, no es estéticamente compatible militar en dos partidos, y menos cuando ambos van a competir en las mismas elecciones y se van a disputar el mismo espacio electoral. Esa incompatibilidad es la que sustancia el expediente sancionador que la dirección federal de IU ha abierto, por faltas “muy graves”, contra Gaspar Llamazares, y que va camino de provocar otro cisma interno en la coalición de izquierdas, y otro enfrentamiento, que puede ser definitivo, entre la dirección nacional (federal) de Izquierda Unida y la dirección de Izquierda Unida en Asturias.

En el fondo del pleito que se traen entre manos Garzón y Llamazares, subyace el idilio que mantiene el coordinador general de IU con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, presentando candidaturas conjuntas en las últimas elecciones generales y en las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía. Izquierda Unida ha quedado laminada en Podemos -el propio Garzón fue en el puesto número 5 por Madrid-, y Gaspar Llamazares es la voz más crítica contra una ‘confluencia’ que ha desintegrado a Izquierda Unida en Podemos y en su revoltijo de siglas.

Los números avalan a Gaspar Llamazares. En las últimas elecciones generales (2015) la coalición Podemos-Izquierda Unida perdió 1,2 millones de votos, y 279.000 en las pasadas elecciones autonómicas andaluzas. ‘Adelante Andalucía’ obtuvo 584.040 votos. Tres años antes, y por separado, Podemos había sumado 590.011 votos, y 273.927 Izquierda Unida. A nivel nacional, IU solo tiene 8 diputados, aunque no tiene grupo parlamentario propio. Mientras que a nivel autonómico, y excluyendo a Cataluña y el País Vasco, solo cuenta con 9 diputados, 5 de ellos, adscritos a la Junta General del Principado de Asturias. Los otros cuatro corresponden a Navarra (2), Castilla y León (1) y Aragón (1). En el resto de comunidades, los experimentos y confluencias no han tenido ningún efecto sobre el electorado: Guayem en Baleares, Ganemos en Castilla- La Mancha y Extremadura, Acord Ciutadá en Valencia…). Y en cuanto al número de votos, solo en la comunidad de Madrid (130.890) y la comunidad Valenciana (106.047), Izquierda Unida o las confluencias en las que está integrada, la coalición obtuvo más votos que IU de Asturias (56.133), aunque con un censo electoral mucho mayor.

Ajusticiando a Gaspar Llamazares, Alberto Garzón cree tener el camino despejado para meter en vereda a Izquierda Unida de Asturias, que se opone a formar parte de una coalición o a integrarse en Podemos. Los militantes de IU en Asturias ya se pronunciaron, al respecto, mediante referéndum, aunque la dirección federal de la coalición sigue sin acatar tal decisión. Llegados a este punto, que puede hacer zozobrar a un partido que en Asturias tiene una de sus mayores cuotas de representatividad política, Garzón y Llamazares, deberían de reflexionar en qué lado o partido quieren estar. El primero, debe elegir entre Izquierda Unida y Podemos. El segundo entre Izquierda Unida y Actúa.

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