08:51. VIERNES 19 DE ABRIL DE 2019

¿Descarbonización o carboricidio?

Asturias
15 enero, 2019
LUCÍA GARCÍA

Crónica melancólica y resignada de un exterminio anunciado

Hubo un tiempo, en Asturias, en que el carbón era el pan nuestro de cada día. Pero las sucesivas reconversiones, y las golosas prejubilaciones, acabaron con un sector que, desde 2010, tenía los años contados. Desde entonces, nadie hizo nada para salvar a la minería de su agónica cuenta atrás. El gobierno central, primero el PSOE, después el PP, y de nuevo el PSOE, se resignó a la muerte programada del sector minero y del carbón, a pesar de su condición -por Ley- de sector estratégico. En paralelo, las centrales térmicas siguieron quemando carbón de importación, y hasta carbón de ‘garrafón’ que colaban, clandestinamente, por la puerta de atrás del puerto de El Musel. Los empresarios mineros se hicieron de oro trapicheando con las ayudas y las subvenciones estatales, a la producción del carbón, y se convirtieron en ‘capos’ de la minería al servicio del político turno. En aquellos años ‘negros’, los empresarios eran los amos del carbón, pero también los propietarios de televisiones y periódicos, que ‘blanqueaban’ la labor política de alcaldes, presidentes autonómicos, y hasta adulaban la nefasta gestión de José Luis Rodríguez Zapatero, al frente del gobierno. Un ‘cartel’ del oro negro al que también se afilió el entonces poderoso sindicato, SOMA-FIA-UGT, con el viejo león, José Ángel Fernández Villa, a la cabeza de las revueltas y de las belicosas protestas mineras, que más bien parecían guerrillas urbanas (quién no recuerda a grupos de mineros encapuchados y atechados en el monte, armados con tirachinas y ‘bazokas’ y lanzacohetes caseros, enfrentándose a helicópteros y unidades de antidisturbios); hasta que el gobierno compró su silencio, y Villa dejó de protestar, de cortar carreteras, y hasta sus ‘acampadas’ en los despachos ministeriales pasaron a la historia.

Ocho años después del ultimátum que el Consejo Europeo dio al sector minero, decretando la muerte por inanición del carbón; se ha consumado la sentencia y ejecutado el ‘carboricidio’, eso que ahora llaman la ‘descarbonización’. Otro estúpido eufemismo que no es más que el simplón epitafio que ha puesto fin a más de cuatro siglos de historia minera. Con la llegada del nuevo año, al carbón le ha llegado su hora, y nadie ha llorado su muerte. Un final, sorprendentemente silencioso, tras años de lucha, barricadas, huelgas y marchas mineras. Del ‘apagón minero’, como no, han vuelto a sacar tajada media docena de empresarios del sector que, desde 2011, siguieron cobrando y ‘ordeñando’ millonarias ayudas estatales, aunque tuvieran las minas a medio gas -en 2017 se extrajeron 2,9 millones de toneladas de carbón nacional, frente a 17,4 millones de carbón importado-. Pero ahora, y tras hacer caja, han echado el cerrojo a las explotaciones para evitar tener que devolver el dinero con el que se han enriquecido a costa del moribundo carbón.

Europa decretó la muerte del carbón, y el gobierno de Pedro Sánchez ha acelerado su defunción. El Plan de Transición Ecológica -más palabrerío- es otro camelo como el Plan de Reordenación del Sector del Carbón (1990-1993), el Plan de Modernización, Racionalización, Reestructuración y Reducción de la Industria del Carbón (1994-1997), el Plan de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras (1998-2005), el Plan Nacional de la Reserva Estratégica del Carbón y Nuevo Modelo Sostenible de las Comarcas Mineras (2006-2012), el Marco de Actuación para la Minería del Carbón y las Comarcas Mineras 2013-2018), y ahora el gobierno ha parido el Marco para la Transición Justa de la Minería del Carbón y el Desarrollo Sostenible de las Comarcas Mineras (2019-2027); planes y más planes -ahora los llaman ‘Marco’- que solo han servido para desmantelar, progresivamente, al sector minero, a golpe de costosas prejubilaciones, y para dilapidar cientos de millones de euros, que no han reactivado, ni creado empleo, en las cuencas mineras. Entre otras razones, por la negligencia e ignorancia de nuestros sucesivos gobernantes, que siempre han contado con la complicidad de los sindicatos y con el silencio de la patronal de los empresarios. Otra trama (cursos de formación) urdida con el dinero que nunca llegó a las cuencas mineras, y que fue esquilmado por quienes deberían de haber creado un tejido económico alternativo al sector minero. Planes, ladrocinio, trincones, incumplimientos, y palabrerío, mucho palabrerío, que no aporta ninguna luz a un futuro muy incierto: “transición ecológica justa”, “plan de adecuación de los trabajadores” - el gobierno, y sus socios, los sindicatos, eluden la palabra ‘recolocación’-, futura Ley del Cambio Climático…

La mina ha muerto, o la ‘han muerto’, que es lo mismo que decir que la han matado entre todos. Réquiem por el Pozo Santiago y por el Pozo Carrio, pero también por los últimos mineros de León (Pozo de La Escondida, en Caboalles de Arriba-Villablino) y por los de Teruel (Compañía General de Minería y Samca). A partir de ahora, los últimos mineros (997 en Asturias), los del Pozo Nicolasa (HUNOSA), se dedicarán a picar carbón para la térmica de La Pereda, a desmantelar las explotaciones, y a dejar pasar el tiempo, con impenitente resignación, ante semejante exterminio.

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