11:16. SáBADO 21 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Sí, pero con reparos

Editorial
1 febrero, 2019

La escandalera que ha originado los primeros pasos (convenio) para la constitución de un gran área metropolitana con carácter, fundamentalmente, administrativo; no es más que una de las habituales e inútiles refriegas políticas que solo sirven para enredar y distraer al personal. Una tormenta en un vaso de agua que amainará según se sucedan los días, como así ha ocurrido con otras muchas cuestiones, como el eterno debate sobre la mal llamada “normalización lingüística” o más recientemente con la ubicación o sede, del Grado del Deporte. Y mientras tanto, sigue sin resolverse asuntos de verdadero calado y prioritarios para Asturias, como el galopante problema del envejecimiento de la población, el desequilibrio ‘vegetativo’, la caída demográfica, el déficit en infraestructuras y comunicaciones, las interminables listas de espera en la Sanidad pública, la creación de empleo joven y el fracaso de la FP dual, la desaceleración de la industria, la reconversión del sector minero, la voracidad fiscal del gobierno regional, y hasta el ‘copago’ en las escuelas infantiles, entre otras muchas cuestiones que, probablemente, preocupen mucho más a los asturianos que la creación de un ente o área central. En este sentido, los impulsores del área central, van a tener que hacer mucha pedagogía ciudadana, para dar a conocer las bondades del ente que ya está en marcha.

La puesta en marcha de un área central en Asturias, que concentre - administrativamente- población, y aglutine servicios, es necesaria para captar recursos y ayudas de la Unión Europea, pero no es la panacea que resuelva ninguno de los problemas que aquejan a nuestra comunidad. Sin embargo, sus señorías, llevan enzarzadas toda la semana en una dialéctica asilvestrada que retrata la catadura intelectual de quienes no acaban de entender que las preocupaciones de los ciudadanos difieren de sus reyertas y ociosos quehaceres, con cargo al erario público.

A Fernando Lastra, consejero de Infraestructuras, y el principal adalid de crear un ente que, en otros países y comunidades, ya esta operativo hace quince y hasta veinte años; le asiste la razón, pero le sobra vehemencia y también sus excesos verbales, o el tono insultante que emplea contra aquellos que ponen en cuestión la creación de un área central, o discrepan sobre el intervencionismo del Principado, que con el simple apoyo de un ayuntamiento socialista, podría controlar el futuro ente. Aún así, en la vociferante escandalera a la que hemos asistido esta semana, subyace más la proximidad de las elecciones, que los porcentajes de representatividad que el consejero plantea para los ayuntamientos (51%) y la administración regional (49%), en el convenio previo que tiene que gestar un ente que ha comenzado de muy mala manera. Con la oposición del PP y de Somos (Podemos), el Ayuntamiento de Oviedo ha sido el único consistorio que, por ahora, se ha quedado fuera de este G-7 del área central de Asturias. Sin embargo, no es ningún drama, y hay tiempo de sobra para que el consistorio ovetense se reenganche al tren del área central, cuando quede resuelto el papelón electoral. Al inútil juego del tacticismo político, también ha entrado Alfredo Canteli, candidato a la alcaldía de Oviedo y con acreditada fama de gestor. Canteli se ha equivocado invocando ‘fantasmas del pasado’ y aireando localismos de pandereta, que tampoco comparten los empresarios que le prestaron su apoyo (FADE), ni Teresa Mallada, de su mismo ‘palo’ político y candidata del PP al Principado.

La capitalidad de Oviedo, en ningún caso, está en peligro con la creación de una gran área metropolitana, o ente administrativo, que aglutinaría al 80% de la población de Asturias. Un instrumento o mecanismo que es necesario para captar recursos económicos que la Unión Europea destina a programas de desarrollo en tejidos urbanos de más de 500.000 habitantes. Cuando las aguas vuelvan a su cauce, Oviedo no puede quedarse al margen de un ente que ya está en marcha, aunque haya sobradas razones para poner en ‘cuarentena’ los pestilentes consorcios y mancomunidades, que siempre han sido un cebadero de chanchullos y clientelismo político al servicio del PSOE. El área central de Asturias, sí, pero con reparos.

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