00:53. MARTES 16 DE JULIO DE 2019

Alianza populista en el Ayuntamiento de Oviedo

Opinión
3 febrero, 2019
MANUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ

Sigue habiendo asuntos en el debate público local, que por la necesidad o manía de algunos en enrevesarlos, acaban convertidos en espectáculos invertidos del Carnaval, capaces de arrebatar a los decimonónicos ‘Mazcaritos’ su legendaria máscara.

Uno de ellos es el debate sobre el Área Metropolitana Central de Asturias. Un espacio que existe ‘de facto’. Una aspiración largamente madurada e invocada. Una oportunidad para que Asturias -su ciudadanía, sus municipios y su territorio- progrese y compita en el mundo global. Una invitación a sumar, a colaborar y a coordinar, a ser más fuertes por ser más eficientes. Aquí vivimos el 85% de los asturianos, se concentra casi el 85% de la actividad y abarca solamente el 15% del territorio. ¿Cómo no coordinar políticas y definir infraestructuras a la altura de este reto?

Hace ya décadas que debimos convertir la unanimidad social y económica en realidad administrativa, ocurre que siempre que se habla de unir, aparecen los miedos, las invocaciones a la identidad, los desgarros de banderas y escudos: es decir, el POPULISMO. Los ‘trolls’ de 140 caracteres y 2.000 falsedades, los ultras salvaidentidades y salvapatrias, y con ellos las mentiras conscientes, las groserías y la sinrazón.

Aquí hubo un alcalde que mentó como nadie el concepto mismo del populismo patrio. De aquel ondear de ‘cercos’, vinieron los lodos de deudas, de obras extravagantes y sin más utilidad que el refuerzo del ego y la visión del

escudo enmarcado en la farola de turno. El PP que lo albergó y luego renegó de su herencia, vuelve al punto de partida y rescata de entre tinieblas la cacofonía del glorioso recuerdo, pero ha conseguido algo más importante: invocar la gran alianza populista. Del mundo y sus peligros, queridos niños, van a defendernos ahora los nostálgicos de De Lorenzo y ‘los progresistas’ de SOMOS.

Esa alianza tiene un liderazgo evidente que viene de la falda del Naranco, pero unas consecuencias trágicas que pueden retrotraer a la ciudad a sus tiempos más oscuros.

Para cualquiera que haya leído la propuesta de acuerdo sobre el Área Metropolitana, puede comprobar que no hay ninguna capitalidad en peligro, ninguna competencia que se pueda sustraer y mucho menos ninguna incapacidad para gestionar desde Oviedo el futuro de La Vega. Ningún chiringuito, ni más intención que aunar esfuerzos y elevar visiones, pero ¿qué importa la verdad, cuando tenemos un cuento patriótico que contar?

¿Pueden realmente pasar por progresistas quienes se oponen al progreso? ¿Pueden pasar por defensores de los ovetenses quienes evitan que crezca?, ¿puede ser alternativa a la “reacción”, quien defiende posiciones reaccionarias? Más que progreso es involución, más que modernidad, nostalgia.

Es cierto que en parte parece un ‘dejávu’ y es cierto que seguramente tiene relación con un escenario de ‘descomposición’ nacional de quienes creyeron sentirse capaces de cambiarlo todo y sustituirlo todo, pero no es menos cierto que, de momento, volvemos a perder una oportunidad de oro para cambiar las inercias oxidadas que fueron en realidad “la verdadera herencia recibida”.

En lo que quizá no ‘caigan’ quienes esta semana pretendieron ‘volar’ la legítima aspiración de progreso de la ciudadanía, es que la apelación a los instintos, al miedo irracional y al sentido identitario, es una espada de filo doble que atrae tantas voces, como tan poco rédito deja.

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