11:21. SáBADO 21 DE SEPTIEMBRE DE 2019

La calle de la vergüenza

Oviedo
4 marzo, 2019

La muy noble, muy leal, muy cochina y deteriorada ciudad de Oviedo, necesita -urgentemente- un plan de choque, a tres turnos, y ‘non stop’, que adecente una ciudad envejecida, decrépita y venida a menos. La capital de Asturias, quién la ha visto, y quién la ve, está demacrada y en permanente estado de ‘rigor mortis’. Nuestro querido e incorregible Oviedo se ha convertido, mal que nos pese, en una capital provinciana aunque tengamos -felizmente- una temporada de Ópera y otra de Zarzuela. Pero de tanto mirarnos al ombligo, de tanto narcisismo, y otros ‘ismos’ -‘gabinismo’-, nos hemos quedado calvos y hasta en paños menores. Hoy aquel Oviedo guapo y coqueto, se ha transmutado en un Oviedo al que le pesan los años. Es un Oviedo tristón, sucio, abandonado, oscuro, envuelto en tinieblas, y en la espesura de la ruidosa e inane municipalidad.

Quienes se afanan en cambiar el nombre de las calles, sin mediar ningún tipo de consulta ciudadana, deberían de cambiar el nombre de la calle Paraíso -debe su nombre a la fuente del Baptisterio, como así figura en actas de Doña Urraca, hija de Alfonso VII-, y sustituirlo por la calle del Infierno, o la calle Oscura, o la calle de la Vergüenza. Quienes pintan de colores los bancos de la Plaza de la Escandalera, deberían de aplicarse en otras tareas municipales que, probablemente, agradecerán más los ciudadanos y las ciudadanas, los ovetenses y las ovetensas, la ‘geeeeente’ que diría uno de esos iluminados de la nueva política prematuramente oxidada y envejecida.

La muralla medieval de Oviedo, o lo poco que queda de nuestro más lejano pasado, forma parte -desde hace tiempo- del Museo de los Horrores de la capital asturiana, y muestra al aire y sin ningún recato sus vergüenzas, al igual que el solar del llamado ‘Martillo de Santa Ana’, o el sonrojante mal estado del mosaico del Paseo de los Álamos. Más de 1.200 años de historia, ignorados y completamente abandonados, en la calle oscura del Paraíso. Una muralla milenaria que ha resistido al paso de los siglos, a las guerras y a las bombas, y a los devastadores incendios que asolaron el corazón de Oviedo. Pero ahora, ante la pasividad municipal e indiferencia ciudadana, la muralla está siendo devorada por la maleza, que ha echado raíces en su carcomida piedra, reventando el maltrecho mortero que aún sostiene el último vestigio de aquella primigenia defensa medieval que el rey Alfonso II el Casto mandó levantar al comienzo de su reinado (791- 842), y que ampliaría y continuaría, cuatro siglos después, Alfonso X ‘El Sabio’. La muralla, el ‘kilómetro cero’ del Reino de Asturias que dio origen a la ciudad de Oviedo, capital del Principado, y con honores de Monumento Nacional desde 1931; refleja la desidia municipal y la ignorancia de quienes no velan por preservar nuestro más sagrado e irrepetible patrimonio histórico. Y mientras que en Lugo, León, Valencia de Don Juan o Mansilla de las Mulas, hace tiempo que recuperaron sus murallas y defensas pétreas, que se han convertido en un reclamo turístico; en Oviedo seguimos despreciando nuestra historia. Ni Gabino de Lorenzo en los veintiún años que estuvo al frente del Ayuntamiento, ni Agustín Iglesias Caunedo, ni ahora el tripartito -no ha ejecutado los 600.000 euros que anunció que destinaría para labores de limpieza- se han preocupado de adecentar y recuperar la muralla medieval, más allá de simples labores de desbroce y poda de arbustos que crecen entre sus piedras (sillares), y que se llevan a cabo cada doce largos años. La penúltima actuación fue en 1996 financiada por la Fundación Hidrocantábrico, y el último ‘arreglo’ se produjo en un lejano marzo de 2008, cuando el Ayuntamiento y el Principado se repartieron las tareas de limpieza y mantenimiento de la muralla medieval. Pero en ambos casos fue un simple, efímero y superficial lavado de cara. Nada que ver con la “elaboración de un plan de consolidación y dignificación del entorno de la muralla”, como propuso en 1990 el entonces consejero de Cultura, Jorge Fernández Bustillo. 29 años después,  la milenaria muralla de Oviedo sigue en el olvido y está siendo devorada por la invasiva maleza que crece a sus anchas entre sus carcomidas piedras.

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