23:50. MIéRCOLES 27 DE MARZO DE 2019

¿Central Lechera Asturiana?

Asturias
4 marzo, 2019
DAVID ASCASO

De los 914 millones de litros de leche que CAPSA procesó en 2017, solo 391 millones fueron suministrados por los ganadores asturianos, el resto, 523 millones de litros procedían de otras provincias y comunidades como Galicia (393 millones). Leche asturiana, pero hecha con más de la mitad de leche gallega

Hace tres años, Corporación Alimentaría Peñasanta (CAPSA) y Leche Celta, una filial del grupo portugués Lactogal, se unieron para concentrar y comercializar su producción de leche destinada a las ‘marcas blancas’, a través de la sociedad Iberleche, con domicilio social en Pontedeume (La Coruña), y cuyo único socio es la empresa Leche Celta S.L, en manos del gigante luso de productos lácteos Lactogal Productos Alimentares. Desde entonces, Iberleche, donde Corporación Alimentaría Peñasanta participa con un 30% de la sociedad; actúa como un mayorista abasteciendo de leche a las empresas que producen las ‘marca blancas’ de las grandes y medianas superficies, pero también abastece de materia prima (leche gallega) a las ‘primeras marcas’ de Central Lechera Asturiana. O lo que es lo mismo, leche procedente de los ganaderos gallegos, para fabricar y procesar, los principales productos que se comercializan bajo la marca de Central Lechera Asturiana. Y un socio portugués (Lactogal), convertido en uno de los principales proveedores de CAPSA. Como sucede, o sucedía, con el negocio del carbón, ¿Iberleche mezcla la leche nacional con la de importación?, ¿nos dan gato por liebre, es decir, leche portuguesa por leche gallega? Por lo pronto, en la etiqueta de los productos de Central Lechera Asturiana figura que la leche que procesa CAPSA es de “origen español”, aunque es un auto de fe, ya que nadie certifica ni audita que así sea. En paralelo, CAPSA se ha echado en manos de un socio portugués, cuyos camiones cisternas, procedentes del país luso, llegan todos los días a la factoría de Pontedeume. Corporación Alimentaría Peñasanta refleja, en su página web, que solo el 42,79% de la leche que procesa procede de los ganaderos asturianos, el otro 57,21% llega de fuera de Asturias, principalmente de Galicia (43,05%) y también de Cataluña (10,03%). En millones de litros, de los 914 millones de litros de leche que CAPSA procesó en 2017, solo 391 millones eran ‘made in Asturias’, el resto, 523 millones de litros procedía de otras provincias y comunidades como Galicia (393 millones). Leche asturiana, pero hecha con más de la mitad de leche gallega.

Con la intención de abaratar costes de producción y aumentar, aún más, los márgenes comerciales ante la voracidad de los mayoristas y centrales de compra que son, en realidad, quienes negocian y finalmente distribuyen los productos lácteos a las grandes y medianas superficies; el actual director general de CAPSA, José Armando Tellado, fue quién propició una concentración de negocio y una ‘fusión fría’ con el grupo portugués Lactogal, propietario –desde 2006- de la antigua cooperativa gallega Leche Celta. A través de la sociedad ‘instrumental’ Iberleche, CAPSA se abastece de materia prima (leche) para la elaboración de las ‘marcas blancas’ que venden El Corte Inglés o Consum. En paralelo, y para cuadrar la cuenta general de resultados de la Corporación Alimentaría Peñasanta; Tellado ha potenciado la producción de leche destinada a ‘terceros’ (marca blanca), que por su bajo coste de compra -el precio que CAPSA y Lactogal pagan a sus proveedores y cooperativistas- está arruinando a los ganadores; y al mismo tiempo está ‘desacelerando’ la producción de yogures por su baja rentabilidad como producto al necesitar más ‘mano de obra’ (personal) que la producción mecanizada e industrial de leche, convertida, desde hace años, en un nuevo ‘oro blanco’ para las grandes corporaciones como CAPSA o Lactogal. En este sentido, la dirección de la empresa despidió en noviembre a once trabajadores –inicialmente los despidos afectaban a trece trabajadores- de la línea de fabricación de yogur alegando la perdida de “dos grandes clientes”, tras 29 jornadas de huelga y paros intermitentes, durante la negociación del nuevo convenio colectivo. Pero la realidad es que CAPSA dejó de operar con dos grandes distribuidores o centrales de compra, por una cuestión de márgenes comerciales; y sus productos siguen llegando a Alimerka y Más y Más, a través de otras distribuidoras. La próxima semana, se celebrará el primer juicio que determinará si había causas objetivas para despedir a once trabajadores –todos fijos-, o si la dirección de CAPSA está desmantelando la producción de su línea de yogures en la factoría de Granda. El director general, José Armando Tellado, sigue sin presentar un plan de inversiones para modernizar plantas y maquinaria de producción obsoletas, y que en algunos casos, llevan prestando servicios casi 45 años. Sin embargo, y según fuentes sindicales, la única obsesión del director general de CAPSA, es estrangular costes y deslocalizar producción -en la planta de Lugo se fábrica la leche sin lactosa-, y en Santander los yogures destinados a las ‘marcas blancas’, además de potenciar su imagen personal en todo tipo de saraos deportivos; con el único fin de maquillar las cuentas de la compañía a golpe de ajustes, recortes y ‘cero’ inversión. Y los números así lo certifican: en 2008, CAPSA alcanzó los 851 millones de euros en volumen de negocio, y 723 millones en 2009. En 2017 -las últimas cuentas presentadas-, CAPSA facturó 695 millones, 156 millones menos en relación a 2008. El beneficio neto de CAPSA -15 millones en 2017-, que dice haber recuperado José Armando Tellado, son la cuentas de la lechera de una central que ya procesa más leche gallega que asturiana.

161 cámaras de vigilancia para controlar al personal

La factoría de Central Lechera Asturiana, tiene más cámaras de seguridad y vigilancia, que el Centro Penitenciario de Villabona. Según ha podido conocer este periódico, la dirección del centro ha colocado hasta un total de 161 cámaras de vigilancia para tener controlados, en todo momento, a sus trabajadores. Hasta las zonas más ‘sensibles’ de la factoría (vestuarios), y zonas comunes y de simple descanso de los trabajadores, están vigiladas por la dirección del centro, sin que haya ningún motivo que explique medidas tan desmedidas en el interior de la factoría. La representación sindical de los trabajadores ha puesto en conocimiento de la Inspección de Trabajo esta situación que atribuyen a las huelgas y protestas que llevaron a cabo, durante el pasado mes de diciembre, en plena negociación del nuevo convenio colectivo. Por su parte, la dirección de CAPSA alega motivos de “seguridad alimentaría”, que no se corresponden, por el elevado número de cámaras, con las medidas implantadas en el sector

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