02:32. LUNES 18 DE NOVIEMBRE DE 2019

Construir una nueva Asturias es tarea de todos

Editorial
1 septiembre, 2019

En política las buenas intenciones hay que ponerlas a remojo y dejarlas en cuarentena. Solo valen los hechos y una gestión eficaz que resuelva los problemas de los ciudadanos. Los grandes problemas que arrastra Asturias (envejecimiento de la población, muerte acelerada del sector minero, desaceleración de la industria pesada, nula creación de empleo…) vienen de muy lejos y la clase política apenas ha hecho nada para aplicar medidas correctoras que reactiven los famélicos indicadores económicos de Asturias. Y cuánto más tarden sus señorías en ponerse manos a la obra, más tardará nuestra comunidad en recuperar su pulso perdido.

Como es habitual, las buenas intenciones de cara a la galería, capitalizaron ayer el pleno institucional previo a la entrega de las medallas de oro y de plata que concede el gobierno regional. Tal vez porque las bancadas del gobierno y de la oposición están pobladas de diputados novatos y diputadas novicias, empezando por el joven y nuevo presidente, Adrián Barbón, que sigue reclamando a los suyos, y hasta a los diputados ajenos, más arrojo y audacia en sus decisiones.

No es la primera vez, ni será la última, que en este espacio editorial censuramos y criticamos los ocho años inútilmente perdidos en el gobierno del Principado. Uno hay que imputárselo a Francisco Álvarez- Cascos, y siete le corresponden a Javier Fernández al que, precisamente, le faltó audacia, arrojo, además de cierto afán en ponerse el mono de trabajo. Pero de nada vale ya mirar al pasado. El nuevo ejecutivo tiene ahora la responsabilidad de resolver la colección de asuntos pendientes que arrastra Asturias desde hace una década o, cuando menos, sentar las bases para corregir los males endémicos que nos han colocado a la cola de España y también de la Unión Europea.

Adrián Barbón, que tiene el empuje que le conceden sus lozanos 40 años, ha estado acertado, en este comienzo de legislatura, convocando una cumbre de alcaldes para analizar la situación de Asturias, reclamar su apoyo para “construir” una nueva Asturias, y para hacer frente al envejecimiento de la población que está vaciando nuestros pueblos, pero también las escuelas infantiles, y cerrando aulas en los colegios concertados, ante la pertinaz falta de niños. La galopante desertización de nuestra comunidad es uno de los principales problemas que tiene Asturias –sino el primero-, y desde luego es una cuestión que no se resuelve de la noche a la mañana. Los números son estremecedores y empeoran, año tras año. La comunidad comenzó 2015 con 9.000 habitantes menos. En 2016 perdió otros 9.000. 6.000 en 2017. 7.000 en 2018. Y comenzó 2019 con 5.000 ‘vecinos’ menos. Lo que supone 36.000 habitantes menos en tan solo cinco años. Un drama para una comunidad donde los fallecimientos doblan, de largo, al número de nacimientos cada año, lo que sitúa a Asturias como la región de la Unión Europea con menos niños.

Asturias, como el urogallo, va camino de la extinción sino aplica, de manera inmediata, medidas correctoras en distinto niveles de actuación, para invertir una tendencia que, cuando menos, frene la continuada caída de la población. Por lo pronto, Barbón ha creado un ‘comisionado para afrontar el Reto Demográfico’, nombrando a un experto en desarrollo rural, Jaime Izquierdo, responsable del nuevo cargo. Todo un acierto teniendo en cuenta la reputación de quién, desde hace años, viene alertando del ocaso de la Asturias rural y del fantasma de la desertización que hace tiempo que ya se ha hecho realidad.

Para recoger, hay que sembrar, y el gobierno regional no puede perder más tiempo, y menos después de ocho años de letargo y de ensimismamiento presidencial. De nada vale la autocomplacencia de quienes, como Adriana Lastra, secretaria general del PSOE, y mano izquierda de Pedro Sánchez, consideran que tenemos “la mejor Asturias que se ha conocido nunca” y “una comunidad envidiable”. Sus ensoñaciones nada tienen que ver con la cruda realidad de una comunidad que se desangra día tras día (24 habitantes menos de media). Afortunadamente, el nuevo jefe del ejecutivo regional, parece tener abiertos los ojos a la realidad, ha diagnosticado un problema de fondo y de largo recorrido, y se ha puesto manos a la obra. A Adrián Barbón, hay que desearle suerte en el desempeño y ejecución de sus labores, porque de sus aciertos -o fracasos- dependerá, en buena lógica, el progreso y el bienestar de una comunidad grande en gentes, pero jibarizada en su tejido económico y social.

Asturias no puede caer en la autocomplacencia, pero tampoco en el abatimiento. Construir una nueva Asturias, o cuando menos mejorar la que tenemos, es tarea de todos.

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