18:33. VIERNES 03 DE ABRIL DE 2020

El ‘Quinquenio Ominoso’ alumbra un monstruito

Editorial
1 enero, 2020

Cuando se cumplen cien años de la muerte del escritor, dramaturgo, político y lucido pensador, Benito Pérez Galdós; Pedro Sánchez ha escrito un nuevo e inquietante capítulo que podría completar sus ‘Episodios Nacionales’. Por entonces, Galdós retrató una España enfrentada, de conjuras y levantamientos, de políticos y siniestros reyes como Fernando VII el ‘rey Felón’, cuyos últimos años de vengativo reinado quedaron envueltos para la historia como la ‘Década Ominosa’. Los ‘Episodios Nacionales’ son una obra maestra que, desgraciadamente y como tantos otros libros de imprescindible lectura, pasan de puntillas en las diferentes etapas educativas. Una Biblia política y un ‘vademécum’ de la historia de España, formada por cuarenta y seis novelas, que la clase política, sin excepción, siempre debería de tener como libro de cabecera e incluso como guía espiritual. Aquella España de agitadores, incendiarios y energúmenos, de revolucionarios y dictadores, es muy parecida a la de hoy. Pero la historia siempre nos da lecciones que nunca aprendemos. 200 años después han resucitado aquellas letales y fraticidas ‘dos Españas’ que parecen formar parte de nuestro cainita ADN. Absolutistas contra liberales, las guerras carlistas, la guerra civil, el terrorismo, los GAL y su guerra sucia y encubierta, los fantasmas del golpismo militar, y ahora el ‘delirium tremens’ independentista que, desde hace años seis años, azota sin fin a España.

Aunque los tiempos felizmente han cambiado, y nadie va a cortar cabezas, ni tampoco ningún general de División va a ordenar sacar los tanques y a la Brunete a la calle -entre otras razones porqué la carrera castrense y los militares son una ‘especie en extinción’-, el motín que puso en marcha Artur Mas, y que ha llevado a prisión a sus subordinados y otros han huido como ratas de la Justicia; es otra forma bélica de romper España haciendo añicos más de 40 años de pacífica convivencia. La revuelta catalana fue promovida por la ‘cosa nostra’ pujolista que durante años exigió el 3% de comisión y ‘mordidas’ a los constructores y empresarios, como así le espetó en febrero de 2005, el entonces presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, a Artur Mas que por entonces ejercía de jefe de la oposición (CIU) y de ‘secretario’ de Jordi Pujol. “Su problema se llama 3%” le lanzó, a bocajarro, Maragall a Mas, cuando se celebraba un pleno en el parlamento de Cataluña, y en alusión al supuesto cobro de comisiones, por adjudicaciones públicas, durante los 23 años de gobierno del honorable -y ladrón- Jordi Pujol. Más de dos décadas de ladrocinio y saqueo continuado, que contaron con la complicidad de su ‘delfín’ y ‘heredero’, Artur Mas, en su condición de consejero en jefe (consejero de la Presidencia) y ‘cooperador necesario’ de lo que en Cataluña se llamaba la ‘Sagrada Familia’.

Artur Mas activó el ventilador de la autodeterminación y de la independencia, cuando el clan Pujol le vio las orejas al lobo, tras destapar el periódico El Mundo en 2012 la fortuna que Jordi Pujol escondía en Suiza, Andorra y en distintos paraísos fiscales. Un botín que los agentes de la UDEF han cifrado en 290 millones de euros, y que elevan hasta 3.000 millones de euros el dinero que “movieron”, durante catorce años, los Pujol. En aquel año (2012), fue cuando Artur Mas puso en marcha el ventilador del ‘procés’ para tratar de ocultar el nauseabundo olor a chorizos nacionalistas y catalanes. En realidad, fue Mas quién condujo, con sus trapacerías, a nueve subordinados y obedientes lideres independentistas a prisión, y a otros les conminó a darse a la fuga. Y aquellos pestilentes lodos del 3% de la ‘cosa nostra’ del honorable delincuente, son los que hoy ciegan a España y han metido a Cataluña, a sus dirigentes, a todo el pueblo catalán, y a toda España, en un infernal callejón sin salida.

Las últimas cuatro elecciones generales han estado contaminadas por la ‘cuestión catalana’. Y también la formación del nuevo gobierno -tras la repetición electoral- ha estado condicionada por la bomba de relojería que Artur Mas dejó activada en Cataluña. Solo así se entiende que separatistas y ‘golpistas’, los nacionalistas vascos que ahora viven infinitamente mejor que cuando reclamaban la autodeterminación para el Pueblo Vasco, la extrema y demagoga izquierda ‘bolivariana’ y ‘chavista’, y el partido donde encontraron refugio político los etarras; se hayan conjurado en semejante y tan siniestra ‘alianza de civilizaciones’ que coloca a Pedro Sánchez al frente de semejante ‘akelarre’ de perversos y promiscuos intereses creados.

Un parto múltiple que ha engendrado un gobierno de tantas cabezas que evoca a las voraces y malvadas hidras de la mitología griega. Dos gobiernos en uno, con Pablo Iglesias, del que tanto renegó Pedro Sánchez, con mando y plaza, una vicepresidencia, y cinco sillones en el Consejo de Ministros.Pero no peor no será la imposible cohabitación entre el gobierno de Pedro Sánchez y el gobierno paralelo de Pablo Iglesias que ha ‘podemizado’ a este monstruito de múltiples cabezas; lo peor son las onerosas y costosas letras que el nuevo gobierno tendrá que pagar a los partidos que andamiado su investidura. Y el primer vencimiento estar al caer con una “mesa de negociación” que impulsará una ‘ley de punto y final’ que propicie el indulto de quienes han dinamitado Cataluña conduciendo a España a la situación más grave y delicada de los últimos 40 años.

Pedro Sánchez ya puede dar por colmada y saciada su ambición de poder que dejó escriturada en un libro que firmó aunque no escribió (‘Manual de resistencia’). Es un hecho incontestable que ha ganado las tres últimas elecciones generales. Pero ha elegido gobernar a cualquier precio y sin ningún escrúpulo. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, al que ha condenado a pagar su viaje al poder pero también a ninguna parte. El silencio del viejo PSOE y de los ex presidentes socialistas (Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero) es tan elocuente como estremecedor, como también la ausencia de los ‘barones’ socialistas, excepto el asturiano, Adrián Barbón, en el paritorio que alumbró un voraz engendro que mete miedo por su carácter exterminador.

“Felipe González nunca lo hubiera hecho, era un portaviones político, y Pedro Sánchez es una piragua”, escribía y sentenciaba ayer Luis María Anson en su columna de El Mundo. El ‘Quinquenio Ominoso’ escribe un nuevo capítulo con dos políticos esposados y unidos como siameses, para que el uno no pueda escapar del otro, y sometidos al ‘tercer grado’ por sus cómplices de investidura.

En estos tiempos de cólera, de entreguismo, y de infamia, leer al lucido pensador, Benito Pérez Galdós, es entender España, naufragar con ella, y encontrar motivos para seguir creyendo, como ha escrito, esta semana, Almudena Grandes.

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