05:02. JUEVES 09 DE ABRIL DE 2020

“Para formar ‘El Paso’ tuvimos que buscar pintores abstractos hasta debajo de las piedras”

Cultura
6 marzo, 2020
LUIS FEÁS COSTILLA

Figura indiscutible de la abstracción española, el pintor Luis Feito (Madrid, 1929) cumple siete décadas de carrera profesional con una vitalidad asombrosa que le permite recibir con amabilidad la llamada de este periódico y contestar desde Madrid todas las preguntas, sin signos de impaciencia y con una cordialidad que hace ostensible su cercanía: “Para Asturias, lo que sea”.

.-Acaba de cumplir noventa años. ¿Sigue pintando?

No, ya no. Mi trabajo no son ‘cositas’, sino grandes telas, así que tuve que dejarlo de un día para otro. Fue un golpe para mí terrible, me di cuenta de que ya no podía con ello. Lo pasé muy mal, era quitarme media vida. Ahora sólo hago papeles y cosas así de vez en cuando. De todas maneras hemos visto tantos pintores que trabajan hasta que se mueren y hacen cuadros tan malos que decidí pararme cuando todavía estaba a pleno rendimiento, hace dos años, no más. Las últimas grandes obras las hice con ochenta y ocho años, lo cual también tiene su mérito.

.-Usted siempre alardea de sus orígenes vaqueiros y asturianos.

Sí. Mi padre, Emilio Feito Parrondo, emigró muy joven a Madrid. Eran doce hermanos, estuvo desde los seis años trabajando en la braña, al lado de Luarca.

.-Y está orgulloso de haber sido nombrado en 2010 Vaqueiro de Honor del Festival del Alto de Aristébano, algo que podría parecer menor frente a otros muchos reconocimientos importantes que ha recibido, como la encomienda de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia o la medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes.

No pude ir porque me encontraba al otro lado de España, pero me hizo mucha ilusión y un buen amigo me contó cómo se había desarrollado el acto. Para mí tiene mucha importancia, porque estoy muy orgulloso de ser vaqueiro. Este tipo de reconocimientos se valoran no tanto por el premio en sí, sino por quiénes te lo dan.

.-¿Le gustaría que quedara algo de su obra en Asturias, por ejemplo en el Museo de Bellas Artes?

Sí, por supuesto. Si no regalado, se lo ofrecería casi regalado, con tal de que quedara algo allí. Aunque, eso sí, nunca ha venido nadie a verme de manera oficial.

.-Fiel a sus orígenes, ha llevado una vida trashumante, como buen vaqueiro.

En 1955 me instalé en París, donde permanecí durante casi treinta años. No pensé nunca que me iría de allí. Fue tan duro que no pude volver, aunque en el fondo estaba hasta la coronilla de París. Tuve que trabajar y sufrir lo indecible, aunque al final ya recibía muchos encargos, como por ejemplo los del museo de arte moderno.

.-¿Tuvo relación con el asturiano Orlando Pelayo?

No, aunque por supuesto sabía de él. Teníamos amigos comunes, pero ambos estábamos encerrados en nuestro trabajo y no tuvimos ocasión de conocernos.

.-En 1957 fue miembro fundador del grupo español El Paso, a pesar de la distancia.

Yo venía mucho, en verano en junio, y en navidades. Le pasaba lo mismo a Antonio Saura, estábamos siempre de aquí para allá. Saura tuvo la idea en París, me la contó y nos propusimos ponerla en marcha. Siempre estuvimos muy en contacto durante todo el proceso.

.-En El Paso participarían pintores y escultores hoy tan conocidos como Antonio Saura, Rafael Canogar, Manolo Millares, Manuel Rivera, Juana Francés, Pablo Serrano o Martín Chirino. También estaba el pintor asturiano Antonio Suárez, de quien supongo que guarda algún recuerdo.

Tenía muy buena relación con él, me recordaba a mi padre, era muy asturiano. Yo creo que su obra está injustamente olvidada, lo que se explica porque era una persona muy callada, nada arribista. Me gustaba el personaje, tenía su talento.

.-Efectivamente da la impresión de que no se reconoce su valía.

Pero no es el único que está quedando relegado, puesto que Manuel Viola también está por los suelos.

.-¿A qué es debido?

A que ninguno de los dos era cabeza visible del grupo. Éramos entonces cuatro gatos, por eso buscamos que El Paso no fuera cosa sólo de pintores y nos pusimos en contacto con arquitectos como Antonio Fernández Alba o músicos como Luis de Pablo, queríamos integrar otras artes en el grupo.

.-El hecho de que Antonio Suárez fuera asturiano favoreció que Oviedo y Gijón fueran dos de las primeras ciudades españolas en acoger una exposición del grupo El Paso, celebrada en las salas de la Caja de Ahorros de Asturias en año 1957, causando, como era de esperar, una viva polémica que a la larga fue claramente beneficiosa para la renovación de las artes plásticas asturianas.

Era lo que pretendíamos, que la gente se enterara, que hablara, que discutiera, gustábamos a unos y disgustábamos a otro, tuvimos detractores, pero hicimos que muchos pintores salieran del bodegón y del ‘paisajito’. Yo nunca he hecho distinciones, y pienso que sólo hay buena o mala pintura, pero siempre que no exista un encasillamiento. Y hay una confusión enorme sobre la abstracción, muchos pintores deformaban un tema hasta hacerlo desaparecer y eran falsamente no figurativos. Había muchos pintores así, que no se desprendían de su tema figurativo, cuando el pintor abstracto es el que hace nacer su obra de su propio mundo interior, desde un principio. Muchísima gente de mi generación decía que era del grupo El Paso, hubo una cierta moda, todo el mundo quería unirse, pero lo habíamos despertado nosotros, y para conseguirlo tuvimos que buscar debajo de las piedras, pues entonces no había tantos pintores abstractos como se dice. El Paso estuvo en auge, hasta el punto de que cuando venía de París me sorprendía su repercusión. También se dijeron muchísimas tonterías, sin preguntarnos siquiera a los protagonistas que todavía estamos vivos.

.-Se refiere a las críticas por parte de otro grupo abstracto formado ese mismo año, Equipo 57, que les acusaron de ambigüedad con el régimen franquista y utilizar exposiciones internacionales y bienales como la de Alejandría o Venecia como escaparate.

Equipo 57 nunca fue nada. En El Paso había categoría, individualidades importantes, y en ellos no había calidad suficiente.

.-Tampoco le preocupan los comentarios del colectivo Estampa Popular, ligado al Partido Comunista y defensor de la figuración expresionista y social, otro de los ejes sobre los que giraría el debate artístico de los años siguientes.

Estampa era político, se hizo en París con muy buena voluntad pero no significó nunca nada, tampoco.

.-A partir de entonces expuso regularmente en ciudades como Madrid, París, Milán, Venecia, Roma, Nueva York, Helsinki, Tokio, Hamburgo, Washington, San Francisco, Seattle…

En esa época si tenías la suerte de que una galería te cogiera, como a mí me ocurrió con Arnaud, París era el centro del mundo. Incluso los de Tokio venían a París para fichar a artistas para sus galerías. Y afortunadamente les gustaba lo que yo hacía, la calidad de mi obra. Yo nunca he sido arribista, o trabajas duramente o estás por ahí dando coba y conquistando a la gente, las dos cosas es imposible.

.-En 1981 se traslada a Montreal, donde ya venía exponiendo desde hacía un tiempo.

No quería saber nada de galerías, de marchantes. Me fui allí de incógnito, trabajando sólo para mí, me lo tomé como un tiempo de vacaciones. Estaba muy harto. El cambio me rejuveneció treinta años. Mucha gente me criticó porque me decían que tenía que volver a España una vez recuperada la democracia, y yo respondía que para qué. Estuve viniendo mientras mis padres vivían, desde que ellos se fueron ya no tenía razón para volverme aquí.

.-¿Cree que la decisión fue acertada?

No me cabe ninguna duda. Hay que irse a donde sea, siempre es enriquecedor ver cosas diferentes. Te abre la mente, te cambia la visión de las cosas.

.-Dos años después, en 1983, el cambio fue a Nueva York.

Tampoco me interesaba buscar nada, para triunfar allí tienes que ser rico o joven ambicioso. Trabajaba para mí, aunque al final me quedé varios años.

.-Y en 1990 retorna definitivamente a Madrid, aunque sin demasiadas ganas.

Empezaron a tirar de mí, pues Nueva York estaba agotado. Me costó mucho trabajo meterme de nuevo en galerías y exposiciones, pero soy un profesional y cuando hay que hacer algo lo hago, me guste o no me guste. El mundo del arte es muy turbio. Siempre hay mucha gente que quiere aprovecharse.

.-Su obra última es conocida en Asturias debido a la labor promocional de la extinta sala de arte Van Dyck de Gijón, que no sólo la expuso en tres ocasiones, en 2006, 2008 y 2012, sino que incluso consiguió venderla, algo harto difícil para un mercado pequeño y conservador como es el asturiano.

Sí, sigo teniendo contacto con ellos. Siempre veo a Aurora Vigil- Escalera cuando viene a Art- Madrid. La quiero mucho y a su padre, Alberto, todavía más.

.-El estilo más novedoso de su producción se empezó a fraguar hacia 1998 y ya tuvo ocasión de mostrarse con amplitud en su exposición antológica del Museo Nacional Reina Sofía de Madrid, en 2002. Llama mucho la atención que usted, que era uno de los artistas más serenos de El Paso, se decidiera, en plena madurez creativa, a emprender también el camino expresivo, con el rojo como el protagonista indiscutible de su pintura, junto a los violáceos, en una especie de voladura controlada que se mantiene sorda y aislada en el lienzo.

Este oficio sin evolución no existe. No puedes repetirte, es lo más difícil de este trabajo y he pasado por muchas etapas. Estos últimos años es lo que más me interesa de todo lo que he hecho. Hubo ocasión de conocerlo en la exposición de hace dos años en el Palacio Sástago de la Diputación de Zaragoza, que recogió las dos últimas décadas de mi pintura a través de cuadros y dibujos de mi colección personal, realizados desde el año 2002 hasta 2018, cuando dejé de pintar. Quise hacer esa exposición porque repasa la época más importante de mi producción, en la que mi obra ha llegado a una conclusión porque he trabajado con una libertad absoluta. De todas maneras, esta etapa postrera es sólo relativamente diferente, pues en definitiva obedece a una evolución lógica de mi pintura. Me hubiera gustado hacer esta última exposición en el Museo Reina Sofía de Madrid, como en 2002, pero fue un empeño imposible, porque ahora en el Reina la pintura no interesa absolutamente nada.

.-¿Se siente bien representado en el Reina Sofía, que al fin y al cabo es el museo del arte contemporáneo español?

Por supuesto que no, pues en su colección permanente sólo hay dos obras mías, una de la primera época lineal y otra de la etapa de El Paso que se adquirió cuando José Guirao era director. Cuando volví definitivamente a Madrid vino a verme y yo le preparé un lote con un cuadro de cada época, para que se diera una buena imagen de mi trayectoria. Me dijeron como siempre que no tenían dinero y se llevaron uno solo. Pero yo me pregunto: si no tienen dinero, ¿para qué siguen?

.-¿Y cuál es su impresión de las ferias de arte? En 2000 recibió el Premio de la Crítica en Estampa y en 2002 obtuvo el Gran Premio AECA de ARCO.

Las últimas dos veces que he estado en ARCO ha sido para comprar cuadros míos. Eso es lo último que he hecho. No he vuelto, porque me canso muchísimo y de todas maneras es que ARCO no me interesa, no tiene nada que ver conmigo. Allí tampoco interesa la pintura, son todo chismes, cachivaches. En ARCO yo no pinto nada. Sin embargo, siempre suelo ir a otra de las ferias, ArtMadrid, porque me resulta más cómoda y es un ambiente más íntimo.

.-Allí también suele verse obra suya.

No es que coleccione mi propia obra, pero recojo lo que es fundamental siempre que tengo ocasión. Y hay cuadros que no vendo, como uno que compré en ARCO que fue propiedad de los Rothschild y que está impecable, nuevo, perfecto, como si no hubiera pasado el tiempo por él. Es algo de lo que me siento orgulloso, como de la sangre asturiana que llevo, lo digo siempre que puedo.

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