15:56. DOMINGO 15 DE SEPTIEMBRE DE 2019

PSOE: guerra civil tras la derrota

Opinión
25 noviembre, 2011
Por ANTONIO PÉREZ HENARES

La derrota busca siempre a ese padre que se niega a reconocerla como suya. Y aunque se oculte suele acabar encontrándolo. Pero en el PSOE los máximos y presuntos responsables se niegan a aceptar la prueba del ADN y siguen en lo de echarle la culpa al forastero: el mal viento, el señor crisis o el tío del paro. Como sucedió en el 22-M nadie se hace responsable de un niño tan horroroso y la palabra dimisión queda en exclusiva para Almunia cuando, con mejores resultados y quince escaños más, dio aquel paso tan inaudito como lógico en el año 2000. Ahora, tras el nuevo y telúrico desastre, lo que buscan todos es a quien cargarle el muerto para seguir ellos vivos.

Pero su problema, el del PSOE, es que este hijo, el del 15-M, es de todos y al echarse las culpas los unos a los otros lo único que hacen es poner al descubierto la autoría. Los de Rubalcaba cargan el acento en ZP, la editorial de EL País, es todo un pliego de cargos. Y no le falta razón. Zapatero y su camarilla, de Chacon a Blanco pasando por Salgados, Leires, Trinis y Aidos, son los máximos responsables de la ruina económica de España por su insensatez ante la crisis, de sus desgarros territoriales y de la vuelta de la confrontación visceral ideológica entre los españoles. Y lo es, al mismo tiempo, de la debacle de su propio partido al que han conducido al precipicio, al que han desvertebrado y sumido en la peor depresión electoral, programática y de poder de toda su historia democrática.

Pero quien eso ahora afirma lo hace con la aviesa intención de no reconocer las paternidades propias. De no asumir responsabilidad alguna ni el pasado, cuando jaleaban con entusiasmo tales desvaríos, pero sobre todo de preservar su apuesta. Porque ZP es responsable, desde luego. Pero Rubalcaba no le va en absoluto a la zaga. Ha sido su colaborador ‘imprescindible’ como ahora gustan de calificarlo. Ha sido más que un valido, ha sido el virrey y vicetodo y ha acabado por convertirse, impidiendo que las bases hablaran en primarias, en rey, en autoproclamado líder.

Y como tal fue a la guerra y la campaña, pretendiendo ocultar lo que había sido hasta el día antes y abjurando del anterior jefe al que ha tratado como a un leproso. Pero la guerra no ha acabado ni siquiera en derrota, sino en la peor hecatombe imaginable, perdidas hasta las últimas y consideradas más inexpugnables almenas. De ello, como de buena parte de lo anterior es el padre Rubalcaba. Como lo es también su rival Carmen Chacón que pretendía reaparecer como la única parte del ejército que no había sido desbaratada. Pero a ella también le alcanzo la urna y su mortífera espada.

Pero mientras que Zapatero sí se va, aunque sea el más largo, agotador, nocivo y penoso adiós de la historia, Rubalcaba, a pesar de su inmenso fracaso, pretende quedarse. Y por ello, hoy, perdida la guerra contra el adversario, se abre la nueva y desabrida batalla por dirimir quien se hace con los restos de la hueste para iniciar cuando se pueda la anhelada reconquista.

Rubalcaba pretende, como ya lograra para su designación como candidato, que sea un sanedrín de notables, una conspiración de condes sin feudo y en suma un golpe de palacio, quien le otorgue la primogenitura. Que Zapatero dimita de secretario general, que se monte una gestora que él domine y desde la cual pueda pastorear y controlar un congreso a su imagen y semejanza. Cuenta con toda la vieja guardia, desde Felipe a Solana, y lo que fue el más poderoso portaviones mediático, el grupo Prisa. Para ello necesitan que ahora mismo ZP se vaya.

Pero Zapatero no ha tragado. Esta vez, y por ahora, no se ha plegado. Ha aguantado el envite del ‘imprescindible’ y le ha dado con los 4,3 millones de votos perdidos en todas sus pretensiones. Nada de gestora teledirigida: un congreso ordinario donde los militantes hablen. Entonces es cuando se irá pero no antes.

La guerra larvada se trasformará, no queda otra, en abierta y a la cara. Y lo cierto es que todos los candidatos, en este caso y momento, parten de una misma circunstancia igualitaria. Todos son los padres de una misma derrota. Ni Rubalcaba ni Chacón ni López pueden alardear de una personal victoria. Quizás no fuera malo que como inicio y reconocimiento, con la humildad y autocrítica que clamorosamente falta, alguien, alguno, diera el paso de reconocer la paternidad y asumiera la culpa. Tal vez sea eso lo que falta y lo que esas tropas desbaratadas y vencidas necesitan más que nunca y más que nada.

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