04:16. SáBADO 19 DE OCTUBRE DE 2019

Frases para una navidad

Opinión
22 diciembre, 2011
Antonio Pérez Henares

“Y próspero año nuevo ¿o no? O feliz 2012 que a peor no podemos ir ¿o si?”

Mal que bien, o incluso peor, nos hemos ido haciendo con este año que hace otro esperábamos, ilusos de nosotros, que fuera mejor. Y el muy canalla nos ha traído por la senda de la amargura. Nos dijeron, quienes nos habían dicho que tranquilos, que no era nada, que ya se veían brotes y lo que nos sacudieron fueron unos tizonazos de echar para atrás. Pero bueno aquí estamos dispuestos a ponerle buena cara a la navidad y al año que viene por mucho que a este ya más que aguardarlo nos lo temamos.

Por estas fechas uno siempre quiere, aunque andemos recién salidos de urnas y en estreno de Gobierno, dejar por un momento de lado la política y aunque no se pueda, aparcada la economía. Uno de esos buenos deseos como el de aprender inglés, ya saben. O alemán, que ahora es lo que pinta en la baraja. De lo de dejar de fumar, ni hablamos.

Pero de lo que es imposible sustraerse en navidad es de la frase. La frase de Navidad. Esa tan ineludible en estas las fechas como, de un tiempo a esta parte, el contrario y todavía más insoportable espécimen que nos adoctrina en su desapego por la cosa y su repudio a los festejos y costumbres. Vamos, que si algo hay todavía más insufrible que el forofo navideño de empalagoso trasegar este es el cenizo, el capullo de la antinavidad. El primero aún tiene un pase. El segundo solo una estocada.

Mis preferencias siempre han sido pueblerinas y tirando a clásicas. Uno es del belén de toda la vida de Dios y de los Magos de Oriente de su tierna infancia y no aguanto a ese gordo vestido de colorado. Un intruso que desde luego por las Alcarrias no sabíamos nada de él. Y lo dice uno que vio la grupa de una de las monturas de un Rey Mago trasponiendo por la vuelta de las Dehesillas un amanecer. Que puede que fuera la mula de mi tío Juanito, pero aún conservo la ilusión.

De mis años de cierta bohemia y descarrío conservo la frase que era talismán por la tertulia del Gijón “¿Qué, las Navidades, bien o en familia?”. Que quieren, seguro que no falta quien lo piense aunque se guarde muy mucho de decirlo. Sobre todo si hay cuñados. Que lo del cuñado es lo que se la ha amargado la suya al que más al Príncipe. Más que al yerno, todavía. Y que conste que yo con los míos me llevo mejor que bien.

Pero bueno, vamos a los deseos y a las frases. La primera la de Felices Fiestas o Pascuas es mejor que andarse con experimentos como, y según me contó un viejo y curtido socialista se puede caer por el precipicio de la peor cursilería. “Pues no me viene el más pijo del partido y va y me felicita el solsticio de invierno” me dijo el rojo de toda la vida comprobando que en España ya no cabe un tonto más.

Para lo que puede ya darse cierta rienda a la literatura o a la pragmática es en cuanto a los deseos para el año nuevo. Y eso, para este 2012 se presenta complicado. Llevo oído ya unas cuentas veces esto de “Felices Pascuas y virgencita que me quede como estoy” pero se me ocurre concluir por ejemplo con “Y próspero año nuevo ¿o no?” muy en línea con la impronta de nuestro nuevo y muy gallego presidente. Aunque quizás opte finalmente para mis felicitaciones por algo así como “Y feliz año nuevo, que a peor no podemos ir ¿o sí?”

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