10:13. JUEVES 17 DE ENERO DE 2019

En vía muerta

Opinión
28 febrero, 2011

Azucena Álvarez

Candidata de UPyD al Ayuntamiento de Oviedo

El ideal de progreso, aunque tenga sus raíces en lo más profundo del ser humano, lo formularon políticamente por primera vez un puñado de Ilustrados que sacudieron las mentes de los europeos del s. XVIII. Aunque ellos creían que era algo que iba a ocurrir, no dejaron de luchar para conseguirlo, porque los humanos sabemos que lo bueno hay que ganárselo. A través del tiempo y del espacio, la historia de muchos hombres ha sido una apuesta por mejorar sus condiciones de vida, pero no basta con que las cosas vayan muy mal. Lo importante, lo realmente decisivo, es la voluntad de cambiar.

En el norte de África ahora, y contra todo pronóstico, millones  de personas están luchando y algunos han dando sus vidas por el progreso. Finalizada definitivamente la consolidación de su independencia, los viejos líderes no tienen nada que ofrecer a su pueblo. Tampoco funciona su pretensión de presentarse como único antídoto al fundamentalismo. Si todos nacemos iguales, nadie debe dudar de que el pueblo siempre está preparado para la democracia. Son demasiados los años de pobreza, de corrupción y de falta de libertades. Y es que el pueblo ha cambiado. La tasa de jóvenes es muy alta y en estos tiempos de globalización ya no están aislados del mundo. No aceptan verse privados de los derechos que son moneda corriente en Europa. Ahora el pueblo ha decidido cambiar de vía. Y el pueblo pide Democracia. Pero no nos confundamos, no están pidiendo un cambio de religión, ni es necesario para la Democracia. El Islam también tiene instrumentos antiguos para compatibilizar democracia y religión. La ijtihad es ese mecanismo propio que permitiría adaptar el ordenamiento jurídico tradicional a las necesidades de hoy por vías racionales. Está en desuso desde hace siglos, pero es útil y recuperable. En  estos países no hay un deseo de desislamización, sino una necesidad de Democracia, de libertades y de justicia, a los que ningún líder tiene derecho a oponerse en nombre de nada.

No hay una sola razón para esta primavera de los pueblos árabes, pero mucho tiene que ver el cambio de valores de una parte importante de la sociedad. Es la misma desconexión entre el régimen y la sociedad que había en España durante la Transición y, sin embargo, hubo que luchar por esa Transición y la incertidumbre nos acompañó durante siete años. Hablamos de lo nefasto de tener líderes vitalicios, cuando aquí, en Oviedo, tenemos un alcalde que lleva nada más y nada menos que 20 años, que quiere seguir y al que su partido le deja seguir. Para situarnos, Ben Alí, el ex presidente de Túnez, el país en el que se encendió la mecha de la libertad, llevaba 23 años.

No se puede negar que hay algo de irracionalidad nada ilustrada en gobiernos tan prolongados. Pero llega un momento en que por unas u otras razones nos hartamos todos y decidimos abandonar la vía muerta. Y para eso, tenemos un instrumento legal que son las elecciones. Si lo que queremos es pasar a la vía de la Democracia real, la Democracia regenerada, no serán los mismos políticos de siempre, los que llevan toda una vida ofreciendo sólo populismo y demagogia, los que nos conducirán a ella.

Tenemos nuestra propia revolución pendiente. Pero, afortunadamente, no necesitaremos manifestaciones, ni gritos, ni rebeliones. Porque tenemos las mejores armas, las que mejor nos protegen, las más poderosas y las únicas que entienden. Las urnas electorales.

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