04:17. SáBADO 19 DE OCTUBRE DE 2019

Un nombramiento más estratégico que político

Editorial
20 diciembre, 2011

20 años después, Gabino de Lorenzo ha dejado de ser alcalde de Oviedo. Lo que no consiguieron las urnas, lo ha decretado Mariano Rajoy desde Madrid. A partir de ahora, De Lorenzo asumirá la condición de delegado del Gobierno en Asturias, un cargo que tiene -fundamentalmente- connotaciones de estrategia política, ya que los delegados de gobierno apenas tienen poder de decisión, más allá de poner en marcha controles de alcoholemia o planes de emergencia ante cualquier adversidad climatológica. Al igual que sucede con el Senado, las delegaciones de gobierno se han convertido en un órgano político absolutamente prescindible, y son una rémora del pasado. Los delegados de gobierno siguen teniendo el mismo rol político de aquellos antiguos y franquistas gobernadores civiles, aunque, lógicamente, la democracia ha cercenado sus funciones y competencias. Al servicio del partido gobernante de turno, solo ejercen funciones propagandísticas como ‘altavoces’ del Estado. Y en esa ‘embajada’, tan vacía de contenidos, Mariano Rajoy ha encapsulado a Gabino de Lorenzo.

Sin embargo, sería ingenuo pensar que Rajoy ha retirado de la ‘circulación’ a Gabino de Lorenzo. Más que pasar a la reserva, el todavía alcalde de Oviedo, añade ahora un nuevo galón a su hoja de servicios. Rajoy, ha emprendido una maniobra táctica, cuyo único fin es colocar a Gabino de Lorenzo como contrapeso político de Francisco Álvarez Cascos. Otro ‘movimiento’ más, que revela, que Rajoy no está dispuesto a fumar la ‘pipa de la paz’ con Cascos. Lejos de pacificar a la derecha asturiana, instalada en la esquizofrenia desde hace un año y medio, Mariano Rajoy ha decidido prolongar un pulso político, inútil e irresponsable, que está abocando a nuestra comunidad a una situación tan convulsa como la que ya vivimos en aquellos años de acoso y derribo al gobierno de Sergio Marqués. En esta guerra sin cuartel, entre el PP y Foro Asturias, ninguno de los contendientes está libre de pecado. Y no está Asturias, precisamente, para seguir perdiendo el tiempo en disputas donde solo prevalecen las fobias personales.

Al margen de los líos domésticos y de la incompatibilidad de caracteres entre las partes en litigio, el ‘desalojo’ municipal de Gabino de Lorenzo empezó a tomar forma en las últimas elecciones cuando, por primera vez, los ovetenses dieron por cancelada la confianza y el ‘cheque en blanco’ que siempre le habían otorgado. Fue, el principio del fin, como así tituló este periódico el 28 de mayo. Sin embargo, una vez más, De Lorenzo ha vuelto a caer de pie -como los gatos-, ya que Rajoy lo ha rescatado de un Ayuntamiento que se había convertido en su potro de tortura. Reciclado en un cómodo y confortable protectorado político, es deseable que Gabino de Lorenzo ejercite con responsabilidad el cargo para el que sido designado, y que no se de al absentismo político que ha caracterizado sus últimos años de ruinosa gestión municipal.

En este sentido, el nuevo año nos ha traído el fin del ‘gabinismo’ y un traspaso de poderes a su ‘criatura política, Agustín Iglesias Caunedo, del que podemos decir que es un trabajador, que no es poco conociendo el percal que retoza en el equipo de gobierno.

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