16:30. MARTES 16 DE JULIO DE 2019

Trío de cuatro patas

Opinión
8 abril, 2011

Diego Medrano.

Llega la primavera y el cuidador de Furaco, Paca y Tola, nuestro trío de ases, soldados de una guerra mucho más íntima o poética de lo que se piensa –tan asturianos como la sidra, tan nuestros como el oso y el madroño de todos los madriles- lo ha dicho bien claro. No piensa avisar a los medios de cuándo tiene pensado echarlos. El tema se complica: “Una experiencia de este tipo a los veintidós años es compleja”. Los osos, o las osas, señores, a los 22 años, ya son adultos, al revés que los conejos, que están todo el día dándole y no se les pasa el arroz ni aunque la lechuga sea de contrabando. Un aspecto sociológico: Paca y Tola son nuestras, muy nuestras, pero seguimos viendo a Furaco como un extraño, alguien que viene a violar a nuestras crías, no lo hace y quizás milite en el lobby gay. Los animales y los deportistas nos están enseñando un nuevo modo de ciudadanía. Los valores éticos, no ya futbolísticos de la Roja, la amistad Nadal/Feliciano, entrenando juntos y sólo rivales en la pista; ese tratarse íntimo, arborescente, muy de mesa camilla, de Paca y Tola entre ellas, ay. Decía Nietzsche, antes de arrojarse o abrazarse al caballo que lo arrolla a pocos pasos del portal: “Cuando el hombre se pone a reír a carcajadas, supera a todos los animales en vulgaridad”. Los animales, los deportistas, son el refinamiento sumo; Mircea Eliade y tantos otros historiadores filológicos durante siglos hablándonos de la similitud guerra/deporte, y ahora, casi en pleno susto, descubrimos la realidad auténtica: el capitalismo nos destroza, sólo somos máquinas de ganar euros. Escribía Jules Renard, sacudido de trajes baratos, candiles encendidos y pensiones cada vez más diminutas: Lo que distingue al hombre de los otros animales son las preocupaciones financieras”.

RADIOAFICIONADOS
Son los últimos de Filipinas. Y siguen cosechando premios, reuniéndose, aumentando socios, trabajando como quien dice. Un día le dijeron al músico cubano Chocolate Armenteros, sobre el que Trueba, recientemente, ha sacado su película de dibujos animados: “Usted, que lleva trabajando en la música toda la vida…”. Él no dejó que acabasen la frase: “Perdone, pero yo jamás he trabajado”. La pasión no es trabajo, el arte es sólo arte, y muchos, aparentemente muy profesionales, siguen un camino clásico, casi un proverbio escocés: “Diviértete con lo que haces, y el dinero llegará”. A lo que vamos: uno de los grupos de radioaficionados más importantes de España está en Gijón, y les han dicho, pero bueno, hombre, ahora con la red, Internet, las Nueva Tecnologías, con mayúsculas, un poco, sí, ¿qué hacéis vosotros ahí? Su presidente ha puesto la tilde sobre las íes: “La radio es voz” (punto 1); “A esto que usted me cuenta, es como si le dice a un escalador profesional que para subir a tal montaña lo puede hacer en helicóptero. Que ya existen helicópteros en lugar de su disciplina”. Maravilloso. Espléndido. Decía Leonardo Da Vinci: “Quien de verdad sabe de que habla, no encuentra razones para levantar la voz”. No están obsoletos, todo lo contrario: siguen fieles al magma áulico de su susurro, a algo en lo que llevan más de treinta años, a la misma forma de hacer las cosas y siempre de un modo más intenso. La Voz, con mayúsculas, eso es, ajeno a cualquier Internet y pura poética o poema. Ellos son especialistas en su seda secreta, voz baja como máxima oro; un humorista del pasado siglo, Noel Clarasó, que hoy no lee nadie, lo explicaba de otro modo: “El hombre se dedica a desear en voz alta aquello que jamás se esfuerza en alcanzar”. Su trabajo es no-trabajo, y su temple, sí, pleno artesanado.

JUSTIN BIEBER

Llega un chavalito de 16 años, y las hordas madrileñas de quinceañeras se multiplican, se desmelena, no dejan de gritar, arrebatarse, entrar en esa graciosa histeria de la historia personal. Hasta Belén Esteban, con su hijita, claro, en el concierto. Justin: altivo, embozado en su capucha, pasota, muy seguro de su desdén, mucho más que un crío cualquiera. Alguien me lo explica en una cafetería, al sesgo, aunque no me entero de nada: “Detrás de Justin está Disney”. Juan Benet, creo que viene en el último libro de Manolo Vicent, quería ser Ministro del Interior durante una tarde, sólo para un asunto: detener a Walt Disney y a Maurice Chevalier. Cada vez somos más esnobs, más incultos; nuestros ídolos, qué quieren que les diga, aparecen más y más devaluados; aquí en los ochenta se admiraba a Torrente Ballester, y ahora, ya ven, a un mocoso de 16 años que copa portadas, juega a malo/malísimo y nos chulea, se ríe para sí de este país, hace un corte de manga a los periodistas y estos no se callan, en su mejor inglés vocean: “¡Stupid!”. Sostenía un gran financiero cómo los máximos negocios del siglo pasado fueron Gandhi y Disney. El hambre y el juego. Justin Bieber, por fragmentos, engloba a ambos. ¿Esta es la mitología que queremos para los nuestros? Miren, para eso, a tope con el Bachiller de la Excelencia de Esperanza Aguirre. Somos unos paletos, los chavales llegan a la universidad sin saber nada de nada, cada vez el listón está más bajo y ya es hora de ponerle freno a esta debacle. Nuestros padres, al terminar el bachiller, los estudios primarios, sabían más de todo que cualquier licenciado de hoy en día. Veinte licenciados en filología el último curso, en una orla casi de seminario, patética. Y seguramente todos en el conciertazo de Bieber, porque somos así de listos. El PSOE critica un bachiller de listos, un clasismo de fondo, algo para lo que no estamos preparados. Pero es lo de Machado, nunca más vivo: “Qué difícil es/ cuando todo baja/ no bajar también”. Veo bien esta iniciativa de campeones/campeones, el que vale/vale, y el que no, ya se sabe, para el concierto de Bieber. El superdotado, o el esforzado, en una clase de maleantes, se aburre, se echa a perder, baja el listón. Respecto al tontorrón, necesita un estimulante, saber que hay unos listos y que en el centro, a todos los efectos o niveles, se le subraye. Somos lo que podemos llegar a ser, no hay más. O nos tomamos muy en serio esto de la formación o seguiremos siendo el hazmerreír de toda Europa. España no puede ser esto: el botellón de Francia, Alemania, etcétera, y la clásica pandereta, toros y paella, de las películas de Esteso y Pajares. Más curro y menos gansada. Más Ilíada y menos Bieber, amigos, por favor.

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