16:27. MARTES 16 DE JULIO DE 2019

El día en que Zapatero dijo adiós

Opinión
8 abril, 2011

Faustino F. Álvarez.

Sábado, 2
Zapatero anuncia que no se presentará a la reelección. Afloran las garras de quienes odian visceralmente al líder que ha pasado de la baraka a la pesadilla. Apoteosis de leñadores del árbol caído, danza ritual de lanzadas a moro muerto. Ignoro las razones por las que, en la democracia española, los presidentes entran triunfales como Jesús de Nazareth en el domingo de ramos y terminan crucificados en el calvario con la complacencia de una muchedumbre de enemigos. Les ocurrió, aunque con distintos matices, a Adolfo Suárez, a Felipe González y a José María Aznar. Lo que más duele es que las piedras te las arrojen los tuyos, como hacen, siguiendo la sharía, los familiares de la mujer adúltera. Es más difícil salir de La Moncloa sin costurones en el pellejo que ganar unas elecciones generales por mayoría absoluta. Pío Cabanillas (padre) acuñó una frase genial en los tiempos de cuchillos cachicuernos en la UCD: “Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”. Tengo la sensación de que Zapatero aguanta mejor el vendaval histérico de la crisis económica y del país en cueros que las sutiles presiones de Sonsoles Espinosa y de las niñas góticas a quienes el Poder no les hace ni puñetera gracia. Concluir que en España las grandes decisiones de Estado se toman por la voluntad de la esposa del presidente puede ser una simplificación exagerada. Pero quienes conocen de cerca y de antiguo a la pareja, como algunos amigos míos leoneses, destacan que Sonsoles manda mucho, que su familia es un matriarcado vasco. La cruda realidad que negó durante años hace que a Zapatero le vengan bien los versos de Lope de Vega: “¡Pobre barquilla mía,/ entre peñascos rota,/ sin velas desvelada,/ y entre las olas sola!”. Comida con José Luís Balbín y sus hermanos en ‘La Paloma’. El genio de ‘La Clave’ va camino de Cudillero a presentar a Javier Reverte, autor del cuaderno literario de este año. Javier es un gran escritor, es el Kapucinsky español. Durante tres años compartí con él tertulia semanal en la radio, en la madrugada de los sábados, y ambos militábamos en un bando inusual en esos menesteres de palabreros: el de quienes, ante un asunto que desconocen, confiesan su ignorancia y se callan. Por mucho que algunos se sientan obligados a fingir que saben de todo, mejor es el silencio si nada tienes que aportar.

Domingo, 3
El Sporting de Preciado ha ganado al Real Madrid de Mourinho, y en los titulares de los periódicos se celebra con el tópico de que David venció a Goliath. Uno de los atractivos del fútbol, especialmente para los poco futboleros, es que todos los resultados son imprevisibles, y que las quinielas mejor pagadas correspondes a las jornadas en que se impone la sorpresa. Si cuantos dicen entender de fútbol supiesen de verdad de lo que hablan, todos serían millonarios en las quinielas. Nada más triste que un catedrático de Economía arruinándose en la Bolsa.

Lunes, 4
Escribe Christina Rossetti: “Más quiero que me olvides y sonrías/ que no que me recuerdes y estés triste”. Resulta seductor, y especialmente en los tiempos del machismo agresivo y del capitalismo salvaje de los afectos, el concepto del amor como generosidad y no como posesión. Calixto y Melibea eran dos, mientras que Don Quijote y Dulcinea eran tan sólo el Caballero de la Triste Figura. Me interesa más el abnegado nudo sentimental de los padres de un niño con síndrome de Down que el suicidio de Larra por el desamor de Dolores Armijo. El amor debe ser cuerdo, a veces de puro loco. Vivimos en un mundo en que los sentimientos cotizan a la baja, al contrario que las angulas o el ‘Vega Sicilia’.

Martes, 5
Los meteorólogos señalan que hoy es el día de abril más caluroso, en Asturias, de los últimos cuarenta años. Desconfiemos de los veranos prematuros, igual que de los niños superdotados. Hay un tiempo para cada cosa, se lee en la Biblia, donde los profetas siempre hablaban muy alto. El Génesis es el mejor libro de ciencia-ficción que se haya escrito, y Yahvé se humaniza cuando descansa al séptimo día, como un pionero de la revolución social. “Yo nací un día en que Dios estaba enfermo”, escribió César Vallejo. En ‘El extranjero’ de Albert Camus, el juez le pregunta al acusado qué le indujo a cometer el asesinato. “Porque hacía calor”, fue la respuesta. Tengo mitificada la Asturias del orbayu, esa condición casi anfibia de los habitantes de las aldeas y las ciudades. A Asturias no le sienta bien el aire sahariano, mejor los paraguas, como murciélagos callejeros, en los cuadros de Pelayo Ortega.

Miércoles, 6

Tomo un vino con Manolo Álvarez-Uría, de quien hace algún tiempo que no tenía noticias. Me cuenta que, en los últimos meses, se han sumado dos nietos a su familia, lo que le produce alegría y perplejidad. Manolo, presidente de la Academia Asturiana de Medicina, es uno de los pilares de la facultad, y los alumnos de su cátedra lo valoraron en varias ocasiones como el mejor profesor. Manolo te habla de las células, del ADN y la influencia del estado de ánimo en la vulnerabilidad a las infecciones con un lenguaje didáctico. Como los maestros del pensamiento griego, ha logrado, de vuelta de muchas horas de estudio e investigación, ser un catedrático para no entendidos, un empedernido doctor ‘honoris calle’. Cuando lo necesitas, Manolo siempre está, y lo hace sin aspavientos, como si pasase por allí casualmente y en el momento oportuno.

Jueves, 7
Caen rayos mediáticos sobre Esperanza Aguirre por haber propuesto un bachiller de la excelencia para los mejores alumnos de la ESO. La acusan de clasismo, la tildan de querer formar alumnos elitistas. Pienso que la idea es buena, aunque la moda demagógica es igualar por abajo. A todos, las mismas oportunidades y, después, a cada cuál según su capacidad y su voluntad. Lo que resulta de verdad escandaloso es que los eurodiputados viajen semanalmente a Bruselas o a Estraburgo en primera clase (triplica el precio al billete aéreo en turista), y que la Guardia Civil no tenga dinero para gasolina.

Viernes, 8
Las tropas de Gadafi retienen en Libia al reportero gráfico gijonés Manu Brabo, un freelance de 30 años y con experiencia en guerras y catástrofes. Manu forma parte de la mejor infantería del periodismo, y antes había estado en Kosovo, en Palestina y en Haití. La primera víctima de una guerra es la verdad, de ahí la importancia de un testimonio gráfico, de una crónica de primera mano. Muchos enviados especiales se pasaron buena parte de la guerra de Vietnam sin salir del bar del hotel. Los tiempos han cambiado, lo mismo que las comunicaciones han mejorado gracias a Internet y a los satélites. El gran Manu Leguineche dice que, más complicado que acudir al frente de batalla, solía ser encontrar un teléfono para transmitir el relato o justificar los gastos, de regreso a Madrid, ante los burócratas de Televisión Española. Vivimos otra época, espero que a Manu Brabo lo liberen cuanto antes y me sumo a la angustia de sus padres que esperan noticias desde su casa de Gijón.

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