02:03. MARTES 12 DE NOVIEMBRE DE 2019

La Balesquida, rito, tradición y fiesta

Oviedo
26 mayo, 2012

De Velasquita Giráldez, la dama ovetense que con una donación dio origen a la Cofradía de La Balesquida y -siglos después-, a su Sociedad Protectora, se sabe realmente muy poco. Por las crónicas, sabemos era una mujer piadosa -y bastante rica-, que vivió en Oviedo a principios del siglo XIII y que falleció en 1232. A su muerte, legó parte de sus bienes al gremio de los sastres, a cambio de que, cada año, celebraran misas en su honor. Cedió un ‘hospital’ -un albergue que era poco más que una sala con varias camas- destinado a los más pobres y enfermos de la ciudad -muchos iban allí a morir-, y algunos muebles, un gesto dedicado a los más débiles, que de paso aseguraba el paso de Doña Velasquita a la otra vida y el perdón de su alma. Por entonces, en plena Edad Media, legar los bienes a los desheredados o la Iglesia, era el mejor salvoconducto para ir al cielo.

De aquella donación, que tenía poco de desinteresada, nació la Cofradía de La Balesquida, que hoy cuenta con 780 años de antigüedad, y también una de las fiestas carbayonas con más solera. Hoy, los cofrades y socios de La Balesquida, rezarán el tradicional responso ante el sepulcro de Doña Velasquita, enterrada bajo la parroquia de San Tirso el Real, muy cerca de la capilla de la Virgen de la Esperanza dedicada a su memoria, cumpliendo así con su parte del trato. El testamento de Doña Velasquita no establecía un número máximo de misas, de forma que los herederos del gremio de sastres y calafates, están comprometidos, de por vida, y generación tras generación, a mantener el pacto, convertido con el paso de los siglos en una de las celebraciones carbayonas más arraigadas. Desde hace una semana, la Plaza de la Catedral está decorada con las banderas verdes (el color de la Cofradía), adornadas con tijeras de sastre, en recuerdo al gremio de los artesanos que recibió la donación de su benefactora, Velasquita, cuyo nombre, con el paso de las décadas, se transformó en La Balesquida.
La herencia de Velasquita Giráldez (por la que también habrían competido el clero y otros gremios), bien valía una misa anual ‘a perpetuidad’, que al igual que el nombre de la dama ovetense, ha ido cambiando -lentamente- década tras década, pasando de ser una solemne procesión religiosa a convertirse en una fiesta popular. Aunque hay dudas sobre las Reglas y las Ordenanzas (las originales se perdieron en la Baja Edad Media y fueron reescritas en 1450), la abundante documentación histórica ha permitido conservar en su mayor parte la historia de la Cofradía, sus tradiciones, normas y leyes. Tanto prestigio llegó a tener la cofradía, que cuentan que al morir, muchos ciudadanos ilustres de Oviedo, pedían que escribieran en su epitafio, que habían sido miembros de La Balesquida, aunque en realidad, jamás habían sido cofrades ni participado en sus ritos y tradiciones.
La férrea disciplina de
los cofrades

Los gremios de artesanos medievales, fueron creados como una especie de sindicatos, para ayudarse mutuamente, solicitar mejoras para los suyos y resolver los conflictos internos o los problemas con las autoridades. Cada profesión, tenía su ‘casa’. Herreros, armeros, curtidores, plateros…y también sastres. El ‘código de conducta’ de los hermanos cofrades de La Balesquida, incluía varias obligaciones, como la amistad recíproca, las visitas a presos y enfermos -para llevarles comida o mantas, y hacer más llevadera su pena-, la asistencia silenciosa al Cabildo,a los entierros y a otros actos religiosos, la conducción de los pobres al hospital, acudir fielmente a misa todos los sábados y ‘guardar’ las fiestas, tal como recoge en sus artículos sobre la cofradía Fermín Canella Secades. En otras palabras, debían ser buenos cristianos y cumplir con los mandamientos y doctrinas de la Iglesia. Pero también había sanciones para quienes no acudieran a la llamada del Cabildo, que se anunciaba a golpe de cencerro por las calles de Oviedo, y para quienes “levantaren escándalo o revuelta o reniegue o haga cosas deshonestas”. Todas las facetas de la vida de los miembros estaban regidas por sus ordenanzas, que exigían que “se perdonen todos los errores y discordias que acaeciesen entre los cofrades”, quienes debían sufragar los gastos de los entierros de los pobres que muriesen en el ‘hospital’, bajo ‘pena’ de pagar un real en caso de que algún hermano se negase. Siempre era mucho más conveniente resolver las cuitas internas, dentro de la propia cofradía, que acudir a los magistrados de la ciudad. Con esta amenaza de castigos, los hermanos también se aseguraban de que, en caso de caer en desgracia y acabar sus días en su propio hospital, sin recursos ni familia, al menos tendrían un entierro cristiano tras haber recibido todos los sacramentos.

Por los textos conservados sabemos que la capilla fue reconstruida en 1725, que parte del ‘hospital’ fue vendido en 1874, o que en 1898 los actos religiosos eran oficiados por la Orden de los Predicadores. Cada novedad en el quehacer diario de la cofradía, sus negocios o sus relaciones con otros gremios o estamentos, se recogía por escrito. Los documentos también explicaban otros detalles más ‘folklóricos’, como el color de la vestimenta del Heraldo que anuncia la fiesta, o el color que debían vestir los cofrades los días de misa, que se han ido difuminando, y están sujetos a la interpretación. El Heraldo ahora viste de blanco, y el color de los cofrades o el manto de la Virgen es verde, aunque en sus orígenes, no tenía por qué ser así.

Mientras que para la mayoría de los ovetenses el Martes de Campo es una buena excusa para divertirse y comer el bollo en el Campo San Francisco o en cualquier otro parque de la ciudad, para los más de 1.500 cofrades y los cerca 4.500 socios de La Balesquida, estas fechas tienen otro significado. La solemne misa, la procesión, el rezo del rosario y la bendición y el reparto del pan, conforman el calendario litúrgico de esta celebración, alejada del ruido, la sidra y el bullicio que caracterizan a las romerías y verbenas. La fiesta de La Esperanza en Pentecostés -conocida así porque se celebra el primer martes después de esta celebración-, ha quedado reducida para el resto de los ovetenses a una comida campestre, a pesar de la fecunda tradición que se esconde detrás del bollo y la botella de vino.

A pesar de los malos momentos, la centenaria hermandad ha crecido en socios y el número de cofrades, durante los últimos años. “Ahora toca ceder el testigo a las nuevas generaciones. Todos los ovetenses deberían formar parte de La Balesquida, porque nos pertenece a todos y tenemos la responsabilidad de cuidarla”, dice el anterior presidente de la Sociedad Protectora, Javier Gómez Tuñón. Doña Velasquita Giráldez, que en gloria esté, puede seguir descansando en paz. Sus misas anuales están aseguradas.

Comparte:
  • Print
  • Add to favorites
  • RSS
  • Digg
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Bitacoras.com
  • email
  • Live
  • MySpace
  • Netvibes
  • Technorati
  • Twitter