17:08. MARTES 18 DE JUNIO DE 2019

Un debate para la Melancolía

Opinión
28 febrero, 2011

Fernando Ónega

Quiero suponer que el señor presidente del Gobierno se sometió el jueves a un debate sobre su política social para combatir el fantasma de los recortes sociales. Esa imagen lo persigue desde que Bruselas y los mercados lo metieron a reformista, le entregaron unas tijeras y se aplicó a la poda. Y tiene que ser muy doloroso para un socialista cargar con esa cruz y subir con ella el Gólgota en cuya cima está la meta electoral. ¿Consiguió quitársela de encima? Tengo dudas. Los más dispuestos a creerle le escuchamos y decimos: no le falta razón. Pero después escuchamos a Rajoy, y tampoco le falta razón en su negación absoluta. Ambos manejan las mismas cifras para llegar a conclusiones opuestas. No solo hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas, sino que hay que añadir: ‘y lecturas interesadas de partido’.

Lo que le ocurre a Zapatero -y hablo más de él porque es quien gobierna- es algo muy sencillo: tal como va la economía, encuentra en la política social su último refugio. Es lo más presentable de su gestión, lo único que aún le puede permitir la reconquista del voto de izquierda desencantado y lo que podría salvar su balance. Y para el Partido Popular, destrozar la imagen social de un Gobierno socialista es su gran desafío para consolidar la mayoría absoluta que le vaticinan las encuestas. Como van a seguir así, en la confrontación de méritos y fracasos se pueden eternizar.

Diagnóstico: Zapatero hace un esfuerzo demasiado melancólico al presentar un balance tan optimista, si la percepción de la sociedad no lo acompaña. Puede más el dato de los españoles que tienen que utilizar los comedores de Cáritas que todas las cifras de becas y otros gastos. Le faltó generosidad al atribuirse todo el esfuerzo y desconocer logros que en puridad corresponden a las autonomías. Y Mariano Rajoy frivoliza su mensaje, si sigue instalado en aportar como única clave de nuestros males la acción del Gobierno (“la culpa es de Zapatero”) y niega un debate más profundo sobre las causas reales de la crisis española. Se lo reproché hace días al señor Montoro en 59 segundos, y lo he visto repetido ayer en el discurso del presidente.

Tres conclusiones provisionales: 1) Entre Zapatero y Rajoy no hay forma de entenderse. Es como si jugaran un partido de fútbol en campos distintos, uno en Riazor y otro en Balaídos. Ignoro por qué parecían tan amigos en las fotos del 23-F. 2) La política social es la posible. Ni tan feliz como dice uno, ni tan desastrosa como reprocha el otro. Con los recursos de que disponen las Administraciones públicas, difícilmente se puede hacer algo mejor. Y 3) Zapatero hace bien lo que depende del Boletín Oficial y de los Presupuestos. Es hombre de lo público. Pero le sigue faltando encanto y confianza para mover la iniciativa privada. Y ahí está la crisis, el paro y los demás factores del desaliento nacional.

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