23:54. MIéRCOLES 27 DE MARZO DE 2019

Las claves de Cascos

Opinión
28 febrero, 2011

Faustino F. Álvarez

Sábado, 19

Me alegro de que febrero sea el mes más corto del año porque tengo prisa. No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va, pero hay en el ambiente un deseo de que las horas pasen, aunque subsiste la intuición borrosa de que vendrán tiempos peores que nos harán más viejos y más sabios. Se habla de la longevidad como conquista científica y social. La vida humana es una historia que siempre termina mal, bajo un ciprés de Silos, enhiesto surtidor de sombra y sueño. Vivir a lo ancho es mejor que coleccionar almanaques y entrar en el ‘Guinness’ tibetano de los fumadores más viejos del mundo. ¿Quién soy yo y mis orteguianas circunstancias ante el Everest? Un Himalaya de incertidumbres ladra junto al río, los tórridos augurios candentes en la fragua, lúbricos sacerdotes en la argamasa incierta de cruel eucaristía. Ladran, luego nos caemos del caballo asustado. ‘Babieca’ le dice a ‘Rocinante’ en el prólogo de ‘El Quijote’: “Metafísico estáis”. Y responde la pobre cabalgadura: “Es que no como”. El pensamiento siempre tiene hambre, y las mejores páginas de la literatura universal se escribieron en las cárceles cuando Cervantes era manco o cuando Quevedo encendía una hoguera de sonetos en la gélida celda leonesa de San Marcos. “Escribir es más duro que cavar”, decía Carlos Luís Álvarez, que cavaba hacia arriba, hacia el pozo azul de las estrellas. Leo a Gregorio Morán: “Francisco Álvarez-Cascos es un profesional de la política en un país que tiende al amateurismo, y me admira -lo reconozco- cómo ha sabido medir los tiempos, los contactos, los silencios y hasta los apoyos”. Escuché una saeta en Sevilla en que, desde un balcón, se le decía a la Dolorosa: “Madre, no lo aprietes tanto que te clava las espinas”. Entre las claves de Cascos figura el huir de las malas compañías, de Felechosa errático, de Alfredo Canteli metiendo la cuchara en todos los menús. Me da miedo la ubicuidad de ciertos personajes que están en todo para nada. Vivir es convivir para parar las aguas del olvido.

Domingo, 20

Estoy con José Luís Balbín y con Fernando Castedo. Decía Carlitos Cano que Balbín era el último oso asturiano. Camilo José Cela mantenía que el único republicano español de cierta relevancia era el oso que mató a Favila. Castedo es pequeño, menudo, ágil, como el ‘Platero’ de Juan Ramón. Me nombró director de la televisión pública en Asturias hace treinta años, no puso condiciones, no entendía de consignas. “Por si te sirve de algo -me dijo en su despacho de Prado del Rey- tengo dos grandes amigos en Asturias: Sabino Fernández Campo y Alejandro Rebollo”. Casualmente también eran mis amigos, tanto la mano izquierda del Rey como el defensor de Julián Grimau. A Castedo le sigo teniendo un gran afecto, no así a su sucesor, José María Calviño, que era un ser complicado y sin manual de instrucciones. Cuando hicieron a Calviño director general de RTVE, le pidió a Balbín, su promotor, que organizase un almuerzo con el general Sabino, entonces secretario de la Casa del Rey. Calviño, que era el abogado de Pilar Franco y un mandamás en un extraño partido republicano, advirtió a Sabino de que no era monárquico, pero que defendería siempre la Constitución. Tanto le insistió en su contradictoria coherencia que, al final, Sabino le lanzó: “¿Y quién te dijo que yo soy monárquico?”.

Lunes, 21

Voy a la exposición de Elías G. Benavides, que venía de León y terminó en Venecia. Rubén Suárez escribe en su crítica de arte: (los cuadros) “expresan sentimientos y sensaciones del artista aunque no piense en ello cuando trabaja absorto en las relaciones de forma, espacio y color que han sustituido, en la abstracción, a los iconos de la representación empírica y que tienen su eco en la contemplación sensible”. Cuando Eugenio d´Ors escribía crítica o teoría del arte, le leía los artículos a la cocinera y le preguntaba si los había entendido. Ante una respuesta afirmativa, ‘Xenius’ concluía: “Pues hay que oscurecerlo”.

Martes, 22

Larga entrevista con Pedro Alberto Marcos para la serie televisiva sobre prensa y transición en Asturias. Me encuentro a gusto en un plató improvisado en el campus del Milán. Me llama la atención cómo un cuartel de chusqueros se ha convertido en un Oxford provinciano. Hablamos de todo. De la libertad de expresión, de la ley Fraga, de los gobernadores civiles, de los curas obreros, de ‘Asturias semanal’, de Gerardín Iglesias, del arzobispo Díaz Merchán, de la Biblia y de la RENFE. No sé si estas viejas historias de Asturias la vieja le pueden interesar a alguien, pero pongo mi grano de arena en la memoria atravesada un alfiler como una mariposa inmóvil. Cuando nombraron a Díaz Merchán arzobispo de Oviedo fui a Guadix, que era su anterior destino, a hacerle una entrevista. Tenía un secretario, ya fallecido, José María Almoguera, que era poeta, un vate póstumo de la generación del 27. Fumaba en pipa y me hice amigo suyo. Díaz Merchán sucedió en Asturias a Tarancón, a quien los fachas mandaban al paredón. Tarancón era un renacentista de tabaco negro y escritura levantina. Dejó el listón episcopal muy alto, y don Gabino dio la talla. En la catedral de Oviedo había una pintada en que se leía: “Merchán, bebe pacharán”. Los que vinieron después fueron peores, especialmente Carlos Osoro que era un obispo para ricos y que se cargó la comunidad monacal de Valdediós para traer al monasterio a unos personajes de farándula, a unos advenedizos teológicos que no son ni carne ni pescado. El día que entre un cura ye-yé, con guitarra incluida, al conventín la reacción más higiénica será la apostasía.

Miércoles, 23

Reaparecen en tropel mediático las viudas del 23-F, la manada amnésica de quienes cuentan la feria tal como les fue en ella. Tejero, tan valle-inclanesco, ha dado de comer a muchos memoriones que, en aquella tarde de miedo y plomo, ni estaban ni se los esperaba. Mi escena del 23-F es la de Gutiérrez Mellado, flaco y zarandeado por aquellos impresentables. Después hablé con él largamente, en el Consejo de Estado, y era un tipo de acero con ojos de lince. Cuando alguien le pidió a Franco una medalla para el entonces coronel, que negoció los acuerdos militares con Estados Unidos, el dictador, que tenía a Mellado en baja estima, sentenció: “A los espías se les paga, pero no se les condecora”. Encuentro entre mis papeles un manifiesto de los trabajadores de Televisión en Asturias rechazando el golpe y adhiriéndose a la Constitución. El folio, casi un pergamino, llega a manos de Víctor García Carrasco, el gran Vitin, para que lo fotocopie y lo haga llegar a los firmantes, a María Teresa Álvarez, a Miguel Rama, a Carmen Pedrosa, a Samuel Ortega, a Antonio Palicio, a Rafa Avello, a tantos amigos. El tiempo se detiene en aquella mecanografía ajada y ardiente.

Jueves, 24

Raúl del Pozo escribe sobre Cascos, y dice que un amigo de su infancia luarquesa, que jugaba al fútbol en la playa con el fundador de Foro Asturias, le comenta que la nueva formación será un fuego artificial, un ser y no ser al mismo tiempo. Llamo a Raúl. “¿Te lo ha dicho José María García?”. “Naturalmente”, me responde.

Viernes, 25

La actitud de Javier Fernández, el candidato socialista al Principado, con respecto a Iglesias Riopedre me parece muy triste. Esa especie de ‘no te acerques, que me manchas’, ese puritanismo de la incordialidad y esa distancia de cara a la galería me produce agujetas en el ánimo. Mejor Belén Esteban que, por Andreíta, mata…

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