17:00. SáBADO 19 DE OCTUBRE DE 2019

La ‘tapadera’

Oviedo
16 diciembre, 2012
LUCÍA GARCÍA

EL ‘CASO NIEMEYER’
La empresa Hélice, y un particular, emitieron facturas que, sobre el papel, duplican servicios, igualan -por
alguna extraña razón- precios, y despachan en apenas una línea y media, servicios que no especifican por un importe de 14.863 y 14.765 euros, respectivamente -más Iva-. Dos facturas que también han despertado las sospechas del administrador concursal

Las coartadas de Natalio Grueso no cuelan. Mediante cuestionario, el pasado domingo le contó al periódico El Comercio que, “decidí deliberadamente trabajar con tarjetas de crédito por pura transparencia contable, porque es la forma más clara de explicar qué se gasta, dónde, cuándo, y en qué”. “En cinco años yo no cobré un solo euro en concepto de dietas, me parecía más ético pasar los gastos, aunque económicamente saliera perdiendo”. La desvergüenza torera de Natalio Grueso no tiene límite. Ahora resulta, que el ex director general del Centro Niemeyer, perdía dinero con la ‘barra libre’ que tenía montada en Avilés y en medio mundo. Sin ponerse colorado, N.G. se defiende con otra milonga, “en cuanto a lo de los gin tonics y la hamburguesa.., es muy fácil hacer demagogia con esto, pero tener una cortesía con personas que ayudan a sacar adelante un proyecto es elemental”. Otra trapacería más, otra engañifa ‘made in Grueso’.

La vida alegre de este ‘bon vivant’ de los fastos culturales, quedaría reducida a la categoría de anécdota, sino fuese porque sus andanzas por los cinco continentes, y sus ‘cortesías’ siempre regadas con licores varios, han generado la quiebra económica del Centro Niemeyer y, al mismo tiempo, el desprestigio del patronato que pagaba -y ocultaba- los caprichos de este vivales que se convirtió, de la noche a la mañana, en la ‘musa’ cultural del ‘arecismo. La auditoria, encargada por el administrador concursal, revela un ‘agujero’ de 3,5 millones de euros, pero también más de 180.000 euros que se han ‘evaporado’ del Niemeyer, ya que no cuentan con ningún respaldo contable que acredite a donde fueron a parar más de 30 millones de las antiguas pesetas. Por ahora, habrá que pensar, que Natalio Grueso se fundió, y se fagocitó en un solo año, 180.000 euros en ‘cortesías’ a cuenta de los patronos de la Fundación Niemeyer.

Las ‘vergüenzas’ del Niemeyer, también airean, que Natalio Grueso se saltaba a la torera la Ley de Fundaciones y los estatutos de la Fundación. Grueso contrataba infinidad de servicios, superiores a los 12.000 euros, sin libre concurrencia y sin solicitar los tres presupuestos preceptivos y de rigor. O dicho de otro modo, contrataba ‘a dedo’, como se puede comprobar en dos de las facturas que hoy reproduce -por su interés informativo- OviedoDiario. Hélice, y un particular, emitieron estas facturas que, sobre el papel, duplican servicios, igualan -por alguna extraña razón- precios, y despachan en apenas una línea y media, servicios que no especifican por un importe de 14.863 y 14.765 euros, respectivamente -más Iva-. Dos facturas que también han despertado las sospechas de la auditora y del administrador concursal. En paralelo a las sospechas y conjeturas, el proceder de Natalio Grueso adjudicando compras a su libre antojo, fue el detonante que provocó la revocación (devolución) de las subvenciones que el Niemeyer cobró del Principado. Otro quebranto más, que ahora tendrán que asumir, o no, los patronos, aunque N.G. se ampare en la “excepcionalidad cultural aplicable al Niemeyer”. Una justificación muy ‘recurrente’, parafraseando a la consejera de Cultura, Ana González, a quién se le pusieron los pelos de punta cuando conoció (facturas) lo que se ‘cocinaba’ en la trastienda del Niemeyer.

A Natalio Grueso se le acaban las coartadas, y también los defensores. En su defensa, aún rechinan en los oídos las palabras de Manolo Díaz, efímero presidente de la Fundación Niemeyer, “Natalio Grueso es un hombre irrepetible. Logró cosas sin precedentes en un centro como éste. A algunas personas les parecerán los costes altos, pero lograba que, con los ingresos que las actividades producían, se recuperará el gasto”. “Los patronos han quedado impresionados por la transparencia del Niemeyer. Aquí se ha creado una polémica sin que haya denuncia oficial, no hubo irregularidades contables, lo que hubo aquí es una obsesión por desprestigiar a la fundación, a la que quieren destruir para manejar como su propio chiringuito”. “El problema es que la prensa no nos pregunta a qué se deben esos cinco gin tonics en Tánger, o una hamburguesa en Nueva York, o un paquete de cigarrillos en no sé dónde. Una parte de la partida presupuestaria de una Fundación como esta se va en protocolo y relaciones, porque con eso consigues cosas más baratas. Te haces amigo de los artistas y acaban viniendo sin cobrar un ‘fee’ (fijo)”. Al ‘bueno’ de Manolo Díaz, Natalio Grueso también le tenía engañado. Continuará.

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