18:31. LUNES 30 DE MARZO DE 2020

HUCA: 95,5 millones de sobrecostes

Oviedo
28 enero, 2013
LUCÍA GARCÍA

El nuevo Hospital Central de Asturias va camino de cumplir 8 años desde que Vicente Álvarez Areces colocó la ‘primera piedra’. En todo este tiempo, por poner un solo ejemplo, la candidatura de Londres (julio de 2005) fue designada por el Comité Olímpico Internacional para organizar los JJOO de 2012. En seis años, la ‘City’ levantó estadios, construyó hoteles y rascacielos, y abrió carreteras. Llegó 2012, y Londres acogió, con puntualidad británica, la celebración de los Juegos Olímpicos. La comparación entre Londres y el HUCA, es perfectamente válida, para retratar el paso de tortuga que llevan las obras, los equipamientos y las infraestructuras, en nuestra comunidad. Ocho años después, el HUCA aún no ha entrado en servicio y, lo que es peor, las obras están prácticamente paradas. A este ritmo, se celebrarán los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro (2016), y la mole del HUCA seguirá varada en los terrenos de La Cadellada.

Entre unas cosas y otras cosas, el nuevo Hospital se ha ‘zampado’ unos 1.300 millones de euros (216.301 millones de las antiguas pesetas), 95,5 de ellos (15.889 millones de pesetas), a golpe de sobrecostes, ‘añadidos’ y modificados de obra. Su magnitud económica, convirtió al HUCA en un oscuro objeto del deseo, y en la ‘joya de la corona’ del ‘cartél’ del ‘caso Marea’. El capo de Almacenes Pumarín, regaló jamones y todo tipo de prebendas, a 30 empleados y directivos del SESPA, con el único propósito de obtener adjudicaciones con la vaselina del soborno y la ‘mordidas’. En el HUCA, hay mucha tela que cortar. Desde los arquitectos que ganaron el concurso y misteriosamente renunciaron a la dirección del proyecto, Juan Navarro Baldeweg y Ángel Fernández Alba; hasta la UTE constructora (Sacyr-San José-Lago) que deliberadamente ralentizó la ejecución de las obras, hasta que Areces entró por el aro de los sobrecostes. Por alguna extraña razón, el Principado nunca penalizó a la UTE, tras acumular un año y medio de retraso en la entrega del equipamiento; además de calzarle -al erario público- dos gigantescos sobrecostes que dispararon (un 50%) el coste final de un Hospital que sigue vacío y cerrado.

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